sábado, 23 de septiembre de 2017

LA ODISEA DE LOS RABADÍES. MANUEL HARAZEM.

Portada del libro

La agradable noche del viernes tuvo lugar en la sede de la Círculo Cultural Juan XIII, la presentación oficial del libro de Manuel (Harazem), La Odisea de los Rabadíes, un interesante libro sobre la revuelta y el exilio de los habitantes del arrabal de Saqunda, arrasado por el poder, en el meandro del Guadalquivir, lugar que ocupó Villa Cachonda y siempre el Barrio Viejo del Campo de la Verdad. Exiliados que vagaron por el norte de África y fundaron un país en Creta. Amenizado con los aromas de la dama de noche de la entrada y de los dos jazmines  del fondo.

El libro

 Responsable de Círculo en su introducción

Presentó a los presentadores, y valga la redundancia, un responsable del Círculo que glosó la importancia del autor y de su obra. Le pasó la palabra a Rafael Martínez, doctor en Arqueología que se extendió sobre el lugar del hecho concreto, el arrabal, y en función de los restos encontrados, normalmente de huesos de animales, justificó el carácter arabizante que tenía en esas fechas, por no haber encontrado restos del prohibido cerdo.

Rafael Martínez y Manuel (Harazem)

Rafael Martínez durante su presentación

Citó la importancia del patio en el que nos encontrábamos, antiguo Hospital medieval de San Andrés, y hasta hace pocos años, quizá demasiados, colegio. En una de cuyas ventanas de la Plaza del Vizconde de Miranda, se ponía, posiblemente la portera, a vender jazmines, que yo le compraba a mi novia, cuando íbamos al cine de verano Andalucía. Aún está en el patio seguro que un descendiente de ese jazmín. La importancia del patio es porque cada uno de los capiteles pertenece a un orden y edad distinta. Romano, Visigodo, y Árabe.

Harazem en faena con su disertación

Una parte del público asistente

Se detuvo en la importancia del libro, que será sin lugar a dudas, un libro en el que los futuros historiadores de esa parte de la historia, tendrán que beber por su profusión de datos. Dijo cariñosamente, que no pegaba un seudónimo que debería llevar el nombre completo del autor, pero que es secundario esto por la importancia del contenido y la rigurosidad del mismo.

Manuel terminando su exposición.

Capitel califal

Luego el autor desgranó a lo largo de tres cuartos de hora, que se hicieron cortos, la génesis de la obra y las vicisitudes y anécdotas que estaban en su rededor. Destacó que un amigo le había dijo, que podía haberlo desglosado en tres libros cuando menos. Eso mismo pensé yo al leerlo, no coincidí en el número en el que debía haberse desglosado pero me pareció extenso y variado. Pero para opinar hay que leerlo, es sin duda una maravillosa y rigurosa obra de consulta.

Capitel romano

Capitel ¿visigodo?

Si el rato fue agradable, lo fue aún más por ver amigos y amigas de las redes, algunos que no conocíamos personalmente, otros que si conocíamos y alguno que no nos hubiera gustado ver. Esa es la variedad de nuestra fauna urbana, filias y fobias: Manuel Ortas; Diván de Nur; Lisistrata; Molón Suave y Lola; Werribee y esposa; Lucas León; Máximo Reyero; Pepa Moll; Amalgama; etc. etc. seguro que se me olvidan otros, unos con su nombre y otros con su seudónimo de las redes, y dejando constancia gráfica, como siempre, mi querido amigo Paco Madrigal.  

El audio completo del evento, para el que quiera escucharlo.






Fotos y audio del autor

viernes, 22 de septiembre de 2017

OTRO PASEO POR LA LOMA DE LOS ESCALONES

Característico de los escalones de la loma

En la curva que sube al Santuario de Linares y el puente que cruza el arroyo del mismo nombre, casi adulto ya, que viene desde Torreárboles, donde fue niño, seco como todos los arroyos en este estío prolongado, comienza el camino. A la izquierda tenemos Los Velascos, luego dejé la desviación hacia Las Pitas y subí acusadamente, ya que no lo hice por la puerta de San Cebrián Bajo, con sus terrazas de frutales, su alberca, su mina de agua y lo que parece la torre de un molino de viga.

Inicio del camino en los Velascos

Buscando el collado

San Cebrián Bajo

Pasamos -pluralizo aunque iba solo, bueno con mi circunstancia, que ya somos dos-, un pedregoso camino que nos lleva a la zona de plegamientos pizarrosos, que en tiempo de lluvia son muy hermosos y afloran sus fósiles. La derruida casilla de los pastores arriba a la izquierda. Pasamos el collado, donde se le une la cuesta que viene de San Cebrián. Luego dejamos a la derecha el camino de San Cebrián Alto y el valle que originó el arroyo de la Balanzonilla con la advertencia de que es privado, a cuyo principio llega un nuevo camino de la cantera maldita.

Zona de los plegamientos

 Detalle de los plegamientos

Primera cancela que hay que cerrar

Iniciamos la Loma de los Escalones, camino tallado en la roca posiblemente por el imperio de Roma, para bajar de los dominios de los Marii, el producto minero de la sierra. Para llegar con el mineral, como escribió el director del Museo del Cobre, Fernando Penco, al mismísimo panteón de Roma para forrar sus puertas. El adn del mineral de cobre es como una huella dactilar y no miente.

Separación para San Cebrián Alto y la Balanzonilla

Cartel informativo

Nuevos marmolillos

A la izquierda abajo discurre el valle que labró el arroyo de Linares y el camino por su orilla izquierda, me parece que el 51. Arriba, a la izquierda por la ladera, ya vemos el trazado de la vía del antiguo ferrocarril y la finca de Luis Muñoz, "Las Albarizas", brillante de color albero, que parece que siglos atrás fue propiedad de los Venegas, que luego conquistaron o antes, a saber, Colombia. La fotografía parece una acuarela, dentro de lo mala, por confirmar aquello de que no hay mal que por bien no venga.

Las Albarizas con el sol del amanecer

 Otro trozo de camino

Bastante pedregoso

Estamos de lleno en el equilibrio que hace el camino, el ancestral de la Loma de los Escalones, entre la cicatriz a ambos lados, que ha dejado allí la cementera, esa que ahora quiere contaminar el aire de la ciudad con otros productos. Casi ocho hectáreas, dos a la izquierda oeste y seis a la derecha, este. Bienaventurada explosión de la burbuja del ladrillo, que nos salvó parte del pasado. Horroroso. 

Es la tónica en este trazado

A la derecha vemos parte de la talla

Aquí es más acusada

Un pino majestuoso vio cortada su copa, y un árbol singular, el algarrobo, cercenado por su mitad, para que pasaran tres cables de alta tensión. Vamos que no pudieron los listos que trazaron la línea echarla diez metros a un lado y mantener la singularidad de ambos ejemplares de árboles. Pero no, posiblemente sería para conseguir el máximo aprovechamiento de la piedra, unos metros más.

Detalle

La cantera oeste 2 Ha

Otra vista de la cantera anterior

A la izquierda San Enrique, también de amplio porte. A la derecha la bajada a la finca de la Balanzona y a la importante estación, que fue del mismo nombre, de la línea a la salida del gran túnel del trazado. También a la izquierda la bajada a la Huerta de Mena. Toda esta zona es de anchura considerable para que pudieran pasar los camiones que se llevaban el material serrano, las rocas para luego hacer hormigón o cementar lo que sea. Pero cal, arena y cenizas del Vesubio, permiten que dos mil años ha, esté todavía aquí el romano, y el otro, en algunas ocasiones está enfermo.

La cantera este 6 Ha

El algarrobo singular herido vista desde el sur

El algarrobo singular herido vista desde el sur

Y la curva del Frenazo y Villa Enriqueta. Ese fue el actual paseo. Ahora la vuelta. de los 450 m.s.n.m. a los 250 de la partida. Entre medias la señales de la talla en la calcárea y blanca roca, del camino ancestral que después la Mesta y el trasiego de ganado usó, cuando el último mineral se lo llevaron los ingleses, en el siglo XIX, o principios del XX, por la recién construida línea de ferrocarril. Siempre hemos sido un país de almoneda, siempre la riqueza se la ha llevado un país extranjero.

Y el pino con media copa

San Enrique

Un último tramo

Ahora es el aceite de oliva, por señalar algo. Y fin del paseo mañanero con, eso sí, una temperatura primaveral en el último día del verano que batió todos los récords, más de treinta días con temperaturas superiores a los cuarenta grados centígrados. pero ya amainó afortunadamente aunque es necesaria la lluvia como el comer. 

La cicatriz casi curada del gaseoducto

El puente romano, lo que queda

Y se me olvidaba, lo mismo que lo tiene olvidado la administración, "com", o "incom", petente, el puente romano de un solo ojo del arroyo de Linares y la calzada correspondiente. Eso sí unas marcas de un invento nuevo, de connotaciones religiosas, unos marmolillos con una señal de almeja de Santiago, el apóstol que no vino a España, pero que llegó a ser patrón del Estado y contribuyó, eso sí, al trasiego comercial y cultural con Europa. 

Más entradas sobre la zona:


Fotos del autor.

viernes, 15 de septiembre de 2017

EL ALJIBE Y EL PARDO

Fachada norte del Pardo

Esta mañana, bastante fresquita, hemos subido mi amigo Paco y yo, primero al Lagar del Aljibe y luego al Pardo. Afortunadamente no vive en la segunda propiedad, ningún general odioso, simplemente porque no está en este mundo. Chistes malos aparte, hemos observado que esta propiedad ha remozado las puertas, ha desaparecido el cancel de entrada y reforzado otras. El olivar está muy vistoso y la aceituna no tiene los signos de sequía, que tienen otras en la campiña. Varias colmenas sin apenas movimiento están en un recodo de la meseta.

Trazado del recorrido

Plano de cotas del IGN del recorrido

Entrada al camino del Aljibe

Antes nos maravillamos, como siempre ocurre, con el chalet por encima del cortijo antiguo del Aljibe derruido. El sitio y las hechuras del chalet son una maravilla, y sus vistas de todo el arco del horizonte espectaculares, del SO al NE: Osuna, la Sierra de las Nieves; el Torcal; las Subbéticas; Alcaudete y los 1452 m. del cerro Ahillo; Martos y su Peña, con aquello que si fuera de azúcar...; Sierra Mágina y al fondo la del Segura; sin olvidar el horizonte de Sierra Nevada. Más arriba otro gran aljibe o depósito, seguro que el arroyo era su benefactor y un precioso sendero en galería.


Casa anexa del Chalet del Aljibe

Salón del Chalet del Aljibe

Mirando al este desde la explanada del Aljibe

Las fincas visitadas en la mañana de hoy han sido: Ntra. Sra. de la Fuensanta, ruina total; el Aljibe ruina la primitiva y casi ruina el chalet; El Pinar, no tiene casa; El Pardo semiruina, con los arreglos mencionados. No hemos entrado en Torrebermeja, que me consta está totalmente reformado, con un maravilloso olivar y Pino Gordo (sin pino), que fue durante mucho tiempo el "Sky line", la línea de horizonte de nuestra sierra.

Una vista aérea del chalet

Trampilla del depósito superior

Interior del depósito superior (Foto F. Gamero)

El abandono del campo es considerable, si no hay más incendios es porque los dioses de protección de los campos son magnánimos. Ceres y sus doce ayudantes, los dioses menores: "Vervactor, que transforma la tierra en barbecho; Reparator, que la prepara; Imporcitor (del latín imporcare, ‘hacer surcos’), que la ara en anchos surcos; Insitor, que siembra; Obarator, que ara la superficie; Occator, que la escarifica; Sarritor, que la escarda; Subruncinator, que la clarea; Messor, que cosecha; Conuector, que transporta lo cosechado; Conditor, que lo almacena; y Promitor, que lo distribuye.", parece que están ahí.

Aérea del Pardo las palmeras ya no están.

Reforma de la entrada

Pozo del Pardo, con agua

Montones de material seco, que es pura yesca, abundan por doquier.  Una dehesa de alcornocal por encima de la cota de los quinientos m.s.n.m. pero sin cuidar. Luego está el precioso mirador sin vista (la vegetación de matorral se la ha cerrado) de la cota de los 525 mts. que se abre al barranco del Pardo que baja buscando el Patriarca y el valle, pasando por los Dolores y los Meleros antes. Frente, al otro lado del barranco, el Cerro de la Cárcel y su inmenso pinar. Debajo un interesante roquedal que es testigo de cómo baja el cauce seco, a la inmensa alberca a la vera del arroyo, que por su tamaño hay que pensar el caudal que traería y las minas de agua de los Dolores, porque son dos.

Otra vista de la fachada norte del Pardo

Mirador del Pardo, han roto el asiento y hecho candela

Los caminos a Pino Gordo y a Torrebermeja cómodos, el de Pino Gordo enclaustrado en una valla cinegética. De Torrebermeja que decir, ya mencioné en su día, que su olivar en la ladera oeste es uno de los mejores cuidados que he visto. Su casa y el camino hasta la carretera de Villaviciosa francamente bien y como no nos hemos acercado no sé si seguirá en plantilla el fiel mastín. Pocos animales se ven, pájaros un par de ellos y terrestres ninguno. Las palmeras del Pardo a pesar de los tratamientos han caído bajo las mandíbulas del picudo, todas. El romántico rincón del jardín de salida al camino de las Ermitas, desde el Pardo, abandonado. Pero no es sólo de aquí, es la tónica general del campo actual.

Más sobre la zona:

Fotos del autor y GoolZoom, una de F. Gamero
Bibliografía de Wikipedia y la citada.