domingo, 19 de julio de 2009

ANTONIO CARRASCO MARIN, MARCHENA EL DE LA ARENA





Don Antonio Carrasco Martín “Marchena el de la Arena” fue uno de los personajes significativos de mi infancia. Corro el riesgo de errar en mis apreciaciones porque obro influenciado por conocer a un hijo suyo, buen amigo y mejor persona, y trataré por todos los medios de no utilizar conversaciones privadas mantenidas con él, para tratar de confirmar mis recuerdos, y solamente reflejaré los que tenía de antes. A mi petición de permiso y de una fotografía para publicar esas siempre entrañables anécdotas, su contestación fue concreta, no.
D. Antonio procedente de tierras más al noroeste, creo que de la comarca de Linares, en la miserable posguerra, tuvo que dedicarse a lo primero que pudo para sacar adelante a su familia. Vivió con ella debajo de un puente –no es el es el dicho, es la realidad- durante un tiempo hasta que pudieron pasar a una vivienda algo mejor.

Lugares del entorno del personaje.

Un amigo, José Manuel Borja, excelente fotografo cordobés, algo más joven que yo pero con mejor memoria, me ha aclarado detalles referentes a nuestro personaje que conoció. Me envió una fotografía de los lugares donde vivía y de la cantera en la que extraía la arena. Me comentó que vivía efectivamente en un puente pero del canal sobre el arroyo de la Hormiguita, detrás de donde estaba el laboratorio de Pérez Jiménez en Chinales, y que la cantera era una cercana al cortijo de la Casilla del Juez algo más arriba en dirección al puente de Hierro del arroyo Pedroches. La realidad es que en mis conversaciones con mi compañero y amigo Pascual, su hijo, nunca salió a relucir estos extremos. Lo cierto es que a pascual no le gustaba hablar mucho del tema.

El puente vivienda de la familia primer o segundo ojo del mismo.
la arboleda forma parte del laboratorio Pérez Jiménez.

Fue uno de los personajes que tengo, más o menos diluido, en la memoria, digo diluido porque siempre la realidad es bien distinta de la percepción que podamos tener de cosas y personas, pero que sin lugar a dudas, con el riesgo de magnificarlo o quedarme corto, y la autocensura a la que me estoy sometiendo, utilizando sólo lo recogido en mi antiguo disco duro, y los datos publicados por otros, quiero dejar claro que estas personas forman parte de nuestra cultura popular y vivencias, es decir no pertenecen a su familia, cuando nos referimos al ámbito de su quehacer diario.

Cantera y al sur de la misma (arriba de la fotografía cortijo de la Casilla del Juez)
Muchos de estos personajes no han sido bien tratados por la ciudad. Cuando en realidad su vida, triste vida, forman parte de Córdoba, y hasta su nombre debería formar parte del de una calle, como otros que han hecho menos méritos para ello y la tienen.
En aquellos tiempos, década de los cuarenta y cincuenta, era difícil vivir. Antonio vendía arena, albero, fina y buena como decía su cantinela, que entonces por no haber algo mejor se usaba para la limpieza de los cacharros de cocina, despachándola a las señoras que le requerían con una medida, posiblemente de una lata de leche condensada. Su pregón publicitario era inconfundible. Su voz fina y penetrante, posiblemente modulada por su afición al cante, concretamente al del Niño de Marchena, del que seguro tomó su nombre cantaba su pregón.
Lucas León, dice de él “Suena amable, melódico, musical, el pregón. Levemente enervado el hombre-niño empuja un destartalado carricoche, donde una dorada arena, ancha de ríos y alberos, se ofrece como mercancía”. Primero iba con un pequeño saco al hombro y luego creo recordar empleaba un “carricoche”.
Luís Melgar, refleja los jipíos flamencos, melodiosos, inconfundibles con el personaje, formando cuerpo e historia para siempre con él.
/ ¡Arena, niñas la arena!/ ¿quién la quiere?/ ¡Es fina y buena!/ ¿Quién la quiere?/ ¡No se debe olvidar!/ ¡Pues no tiene chinos!/ ¡Ni raya ni ná!/
Continúa diciendo: Como con la arena no sacaba lo suficiente para poder vivir, cambió con el tiempo la mercancía"
Ahora vendía mantillo para las macetas. La entonación de la coplilla parecida:
/¡Mantiiiillo, "pa" las macetas! /¿Quién quiereee?/
"y vendió lotería, aunque eso sí, anunciándola también con un pregón flamenco:
/ ¡Vaya maronero!/ ¡Que número llevo!/ ¡Pues la suerte / ¡A ver si puede ser / que haga yo milagros/ y le caiga esta vez!/ ¿De dónde?¿De dónde?/ ¡Pues no lo sabe usté!/ ¡De la calle Gondomar!/¡Porque no le quepa duda/ de que el gordo le voy a dar!/ ¿A cuánto? ¡Doscientas cincuenta!/ ¡Y la voluntad!¿Y vaya un numerito/ que trae un servidor!/ ¡Porrón! /”
A la misma vez que el trabajo de la venta de lotería ejerció otro de guardacoches.
La inexorable, le llegó joven, con unos sesenta y pocos años, un ictus cerebral al que aguantó cuatro días. Eso ocurrió a principios de la década de los ochenta.
Posiblemente en el cielo de los vendedores callejeros y personajes ilustres de esta ciudad, o la Calle de las Flores del Olimpo, esté pregonando:
¡Marchena! ¡Niñas la arena, la traigo fina y buena! ¿Quién la quiere?