domingo, 19 de julio de 2009

"CINTAS VERDES", EL CRIMEN DE LA FINCA EL JARDINITO



Feria de mayo de 1890. Cartel de lujo en Córdoba; Espartero, Lagartijo y Guerrita. Algunos aficionados son capaces de cualquier cosa por ver a los espadas. Manuel Ceular "el Directo" fue capaz de ir a Barcelona en un mercancías para ver a Manolete, su ídolo. Otros individuos son capaces de matar si es preciso, por lo menos eso es lo que ha transcendido, del hecho que nos ocupa, un siglo y pico después.

Este suceso, ocurrió en Córdoba a finales del siglo XIX, el 27 de mayo de 1890, y fue de los más trágicos. Tuvo lugar en la finca El Jardinito. Esta finca es una preciosa propiedad que está situada en la carretera de Obejo, la CO3408. Una vez pasado el Maestre Escuela, a la izquierda, está la entrada señalada por una puerta, donde se puede leer el nombre de la finca. Últimamente, pertenecía a la familia de un notario cordobés ya fallecido, que se llamó Flores de Quiñones.

José Cinta Verde o Cintabelde -no sabemos si era conocido por los habitantes de la finca o no-, se acercó a la misma, en el ánimo de pedir dinero con el que sacar la entrada para la citada corrida. El capataz no se encontraba en ella, había bajado a Córdoba. Estaba su mujer y otro empleado. José le pidió el dinero a la mujer y al negárselo le disparó un tiro, con una pistola que portaba. Parece que sólo la hirió en una mano, pero la persiguió y le disparó dos tiros más, que en esta ocasión resultaron mortales. El asesino pensaría que acabando con todos los residentes en la finca, ninguno podría denunciarlo. Esperó la llegada del empleado que acudió al sonido de los disparos y le cortó el cuello con una navaja. Buscó a otras personas y encontró al guarda de naranjal subido a un árbol, sacudió el mismo hasta que cayó al suelo y allí mismo le disparó un tiro en la cabeza. Volvió a la casa de nuevo y encontró a un hijo de los guardas escondido, al que también asesinó cortándole el cuello. Luego acabó con la vida de una menor, de siete años, hermana del anterior.

Cuando comprobó que no podría denunciarlo nadie porque estaban todos muertos, se calmó, cogió el dinero, y parece que no tuvo ninguna duda de dónde estaba éste. Guardó las armas y, tranquilamente se marchó del lugar, encaminándose al barrio de Santa Marina, donde vivía con una mujer que se llamaba Teresa Molinero. Una vez en la casa se lavó, cambió de ropa, que estaba manchada de sangre y con toda tranquilidad se fue a los toros.

Parece ser que un tal Gavilán pasó por la finca y el guarda del naranjal que no había muerto aún, le susurró que había sido "Cintas Verdes" el autor de los cinco crímenes. Gavilán fue a dar aviso a la Guardia Civil, quien se personó en la finca. Luego se dispusieron a dar con el criminal. Dio casualidad que uno dijo conocerlo y que se llamaba Cintabelde. Se estableció un dispositivo en la Plaza para detenerlo a la salida de los toros. Fue detenido y llevado a la cárcel, después de aceptar ser el autor de los crímenes, aunque lo negó repetidas veces.

José Cinta Belde, el 26 de noviembre de ese año de 1890 fue juzgado y condenado a muerte. En el corto tiempo que estuvo en la cárcel dicen que se volvió muy religioso y hasta pidió casarse con Teresa. El 6 de julio de 1891, a las 8,45 h. de la mañana, en el llano la Puerta de Sevilla, fue ejecutado públicamente con garrote vil. Tenía 28 años. Esa fue la última ejecución pública que se celebró en Córdoba.

Ejecución por garrote vil en una plaza pública.
Ejecución por garrote vil en una plaza

Esta es, en líneas generales, una breve descripción de lo sucedido, su estricta veracidad, es difícil saberla. Mi abuela tenía 10 años cuando esto sucedió, y nos lo contó cuando teníamos edad de comprender. La deformación que sufren las transmisiones orales es evidente. Todos añadimos algo de nuestra cosecha. Lo único cierto fue, que hubo un asesinato múltiple en la finca "El Jardinito". Cuatro personas muertas, dos adultos y dos niños. Y un culpable confeso, ejecutado seis meses después en la Puerta de Sevilla. El resto, el móvil, la culpabilidad, las garantías procesales, la veracidad de todo lo ocurrido, puede ser fruto de esa deformación a lo largo del tiempo, y el hecho pasa a la categoría de leyenda, como "Cintas Verdes", el asesino de la finca "El Jardinito".