domingo, 19 de julio de 2009

EL TUERTO DE LOS CALCETINES

Existió un vendedor ambulante bastante popular en Córdoba. Éste pregonaba su mercancía que llevaba en una caja rectangular colgada del cuello, en la que llevaba corbatas, calcetines, gafas de sol, y lo que le adjudicó su nombre: calcetines. Su ámbito comercial era la zona comprendida entre las Tendillas y la calle Gondomar.
Un día, D. Rafael Guerra “Guerrita” el torero, tuvo necesidad de enviar a Cabra un galgo, como regalo a un amigo suyo que vivía en aquella ciudad. Como el perro era un lujoso animal, con hechuras de campeón, dudó en facturarlo por ferrocarril, ya que esa línea tenía un trasbordo en una estación intermedia y podía dañarse en la perrera – los vagones de ferrocarril llevaban un pequeño compartimiento enrejado que se usaban para transportar estos animales-, o perderse el noble can. Estaba meditando sobre ello cuando ocupaba un sillón en el Club del que era titular, en el momento que pasó el “Tuerto de los Calcetines” pregonando su mercancía. Sobre la marcha decidió llamarlo y encomendarle el asunto de llevar personalmente el galgo a su amigo en la ciudad de Cabra.
Le dio dinero y explicó donde y a quién debía entregar el noble animal. El Tuerto servicial cumplió esmeradamente el encargo de D. Rafael.
-“D. Rafael ya he “entregao” el perro. El viaje de ida y vuelta ha sido siete pesetas, como me dio diez le sobran tres pesetas, ahí le entrego lo que ha sobrado”.

- “Muy bien Tuerto.” Dijo el Guerra, mientras se introducía la vuelta que le había entregado el vendedor en el bolsillo de su chaleco.
El singular “mandaero” se quedó esperando que el torero le entregara una recompensa por el servicio, pero no fue así, el torero se dio media vuelta y se marchó a sentarse en su Club. El Tuerto decepcionado por la aptitud del Guerra y desde entonces, cada vez que pasaba por la puerta del Club vociferando la mercancía que vendía, subía la voz más de lo normal y decía:
-“Se venden ¡¡Corbatas!! ¡¡Pañuelos!! ¡¡Calcetines!! Y estirando el cuello todo lo que daba de sí, asomaba la cabeza por la puerta del Club decía: -“¡¡Y no se llevan galgos a Cabra!!”.


Un segmento del cuadro de Gonzalez-Ripoll referido a un vendedor de la época de la calle Gondomar que podría ser el de la anécdota. El tuerto.




El cuadro completo "El Club Guerrita" de Carlos González-Ripoll de 47 x 61 cm.


Una fotografía de la época del Club Guerrita, Rafael Guerra Bejarano "Guerrita" es el personaje de blanco con sombrero cordobés.

(Publicada en www. callejadelasflores.org)