miércoles, 23 de diciembre de 2009

LA TELEVISIÓN DEL CONVENTO.


La tele del convento


Otro de mis múltiples y variados trabajos que justifican el refrán, “aprendiz de todo, maestro de nada”, fue cuando estuve con un amigo y después sólo, allá por los ochenta del siglo pasado, instalando antenas colectivas de televisión y parabólicas.

De entre la mucha clientela -normalmente amigos-, y trabajos realizados, siempre me acordaré cuando visité un convento para reparar la instalación. Por mediación de mi primo Paco, que les trabajaba en la rama eléctrica, fui llamado a reparar la televisión. Evitaré ser más explicito en los datos, aunque los casi veinte años pasados habrán borrado todas las referencias. La Superiora del mismo era una simpática castellana, de una educación exquisita, relativamente joven, estimando esta juventud el no haber alcanzado aún los cincuenta años de edad.

La comunidad no era muy amplia, creo recordar que la formarían unas cinco o seis religiosas. La juventud antes mencionada de la Superiora sólo acompañaba a ésta, porque el resto la superaban en edad. Me abrió la hermana portera, o la que estaba en ese puesto ese día. Me hizo pasar a una especie de comedor-cocina-estar, dónde había un pasado de moda televisor, con más achaques de la cuenta, de sintonizador manual en el frontal, y el cual una vez realizada la primera inspección visual, comprobé que adolecía también de una notable carencia de señal.

Les pedí me dijeran donde estaba instalada la antena. Una monja me acompañó por una serie de pasillos hasta una escalera, que acababa en una pequeña azotea, en la que en un oxidado mástil había una desvencijada antena, también de la misma edad o mayor que la del televisor. Desmonte la misma, no sin dificultad por el óxido de los tornillos, resané la conexiones, las protegí nuevamente, y vuelta a ponerla en su sitio orientándola adecuadamente.

Otra vez en la cocina-comedor-estar. Cambio de los conectores, terminal de la pared, y limpieza del sintonizador que por culpa del polvo tenía unos críticos ajustes. Les aconsejé, en primer lugar, la sustitución del televisor por otro más moderno con mando a distancia, pero junto a la respuesta de sus carencias económicas, me dijeron que si sólo se veía un canal que les daba igual. Les pregunté cuál y decidieron que la primera cadena de TVE. Allí la ajuste con la máxima calidad. Y una vez pasada la revista por la Superiora, la pregunta habitual:

― ¿Cuánto le debemos Francisco? ―preguntó.

Consideré que el trabajo había sido poca cosa, y ante las dificultades económicas expresadas decidí no cobrar nada.

― No es nada señora. –le contesté. Siempre es un inconveniente para mí dirigirme a las monjas, lo de hermana me resultaba ridículo, llamarlas por su nombre de trabajo demasiado complicado y por eso opté por el tratamiento de calle.

― Pero Francisco eso no puede ser, su trabajo debe tener un precio. ―me contestó la Superiora.

― Bueno, vamos a hacer una cosa, si a usted le parece bien, yo no les voy a cobrar nada, y a cambio les pido que me tengan en cuenta cuando hablen con su “jefe”, ya que yo no soy creyente, pero “porsi”. ―les propuse en un tono jocoso, con el ánimo de dejar saldado el asunto.

― ¡Eso está hecho Francisco! ―me contestó― ¡Hermana Carmela! ―dijo dirigiéndose ahora a una delgada y alta monja que estaba presente, bueno, creo que presentes salvo la de la puerta estaban todas― Cuando rece el rosario esta tarde acuérdese de pedir por Francisco y su familia. ―concretó.

― Hermana Superiora, ―contestó la llamada hermana Carmela― yo no tengo inconveniente en pedir por Francisco y su familia, pero debe saber que a mí no me toca hoy el rosario.

― ¡Pero bueno, esto que va a ser Sor Carmela! ―le dijo nuevamente.

― Que si quiere yo lo hago cuando me toque, pero hoy no me toca. ―le replicó.

― ¡Bien, ya hablaremos después ¡ ―le contestó, y dirigiéndose a mí me dijo en un tono más bajo― Son como niñas a pesar de su edad Francisco, no lo ve.

― No se preocupe Superiora, yo me hago cargo, pero mi intención no es crear ningún conflicto. Ha sido una ocurrencia. ―le contesté en un tono confidencial.

― ¡De conflicto nada Francisco! ―dijo sor Carmela que me oyó― es que no me toca hoy, lo haré mañana.

― Francisco, ¿quiere tomarse algo; un café, un refresco…? ―interpuso la Superiora para capear la protesta.

― Bueno le acepto un refresco, pero que no esté muy frío se lo digo por mi garganta que es bastante frágil. ―le dije.

― Hermana, ―dijo dirigiéndose a otra monja que tenía encima de su hábito un delantal― traiga un refresco de los de fuera de la nevera y además unas magdalenas.

Con la toma del refresco que era un fanta de naranja, y la ingesta de un par de magdalenas caseras, que por cierto estaban bastante buenas, tanto que me acordé de la letra de Carlos Cano:

“/ En el convento de las esclavas de Santa Rita. / Andan las monjas dale que dale/ por la cocina/”.

Terminó mi estancia en el convento. Claro me quedé sin saber de la recomendación celestial pedida. No habían pasado dos días cuando recibí una nueva llamada del convento. En ella me decían que no se veía nuevamente la televisión, que se habría roto.

Vuelta al convento. Hermana portera, cocina-comedor-estar. Otro par de magdalenas en un plato y un fanta de naranja estaban encima de la mesa. A la vez que la aclaración:

― Francisco hemos sacado el refresco del frigorífico para que se vaya templando. ―dijo la Superiora.

― Muchas gracias. ¡Superiora, aquí han tocado! ―le dije al comprobar que el precinto de pintura de uñas que había dejado en el sintonizador había desaparecido.

La Superiora se dirigió a la plantilla que estaba presente preguntándoles. Las contestaciones: Yo no sé. Yo tampoco. Se habrá roto sola. A mí no me mire.

― Mire, ―le dije señalando al sintonizador― aquí había una gota de laca de uñas, a modo de precinto y para fijarlo, y no está.

La Superiora ahora en un tono más inquisitorial, les volvió a preguntar:

― Si Francisco dice que han tocado, alguna debe haberlo hecho. ¿Quién ha sido? ― dirigiéndose a todas.

Las monjas se miraron entre si algunas encogiéndose de hombros. La situación era tensa, hasta que, quizás por lo abrumadoras de las evidencias, Sor Carmela –otra vez Sor Carmela- dijo:

― He sido yo, que anoche quise ver a Rocío Jurado que me gusta mucho, y como no me podía dormir me bajé y toque el botón porque no era en la primera cadena.

― ¡Pero como miente ―le dijo la Superiora― desde luego…!

― ¡Yo no oí que no se podía tocar!―aclaró en su defensa.

― Bueno no pasa nada, ―intervine en la intención de calmar los ánimos― esto ocurre por tener un televisor viejo, ya se lo dije el otro día, estamos así por usar un solo canal.

― ¡Pero si lo que tienen que hacer es no ver la televisión, ganas me dan de dejarla rota! —dijo la Superiora.

Volví a sintonizarlo, a ponerle el precinto, y a recomendarles la adquisición de uno de nueva generación. Me comí las magdalenas y me bebí el Fanta, con la sensación que cada vez que iba al convento se generaba una bronca. Les volví a decir que el trabajo no era nada. Y aprovecharon para decirme que habían cumplido la petición por mí y por mi familia dos días seguidos. Se lo agradecí y me marché.

Hubo una siguiente llamada, unos meses más tarde y les dije que no hacía ya ese trabajo, que tenía una responsabilidad distinta e incompatible con él, y que les enviaría un amigo. La Superiora, aprovechando que el Pisuerga pasaba por… allí, me hizo una petición ciudadana, que estaba en mi mano resolver, y que afortunadamente se resolvió satisfactoriamente para la congregación.

Lo que nunca sabré es si esa responsabilidad que tuve, fue fruto de la intervención celestial –que no lo creo-, o de la infernal –lo creo más-, porque valorando lo mal que me fue, o no lo pidió, o lo pidió de mala gana, la “joía” de Sor Carmela.


…/ Queda la hermana tornera / Vestida de Satanás / Y fue a robar la receta / del dulce de Navidad. / Alacena de las monjas / Que te dan gloria Bendita.../…

2 comentarios :

Lisístrata dijo...

ay las magdalenas con su fanta! jejeje, esa tele iba a dar problemas hasta q el electricista con su shexshapill cambiara de oficio.

Y al hilo se me viene a la cabeza, igual q a ti la copla de la tornera de Carlos Cano, estos versos de Lorca:

...Por los ojos de la monja
galopa un electricista.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa

...

o no era así? >;0P

Paco dijo...

Como eres Lisis, y eso que no he dicho el nombre religioso de la Superiora, que si no que versos hubieras puesto.

Salú