sábado, 20 de agosto de 2011

EL PANDERETE DE LAS BRUJAS

El Gran Cabrón de Goya

Entrando desde la calle de la Puerta de Baeza o actual de Santiago, por la calle de los Ravé, lo primero que se encuentra uno es una plazuela, donde estaba el cine de verano, que se llamó en la antigüedad el Panderete de las Brujas, sitio que en la noche muchos se guardaban de pasar, y si no tenían más remedio lo hacían con bastante recelo. Decían que allí se reunían las brujas, y luego de bailar al son de una pandereta, cada una de ellas volaba al lugar designado por la principal. 

Muchas eran las historias, fruto de la ignorancia, aunque no existe prueba de ninguna de ellas, sólo la difusión popular de las mismas, posiblemente por la ignorancia. Si parece que allí vivió como en la calle del Tinte una adivina, que utilizando algún ungüento aderezado de ceremonia averiguaba cosas de los incautos. Hasta que parece que entró de lleno la Inquisición y la detuvo averiguándola a ella.

Plano de la zona

Andrés Laguna, médico de Felipe II, había realizado un informe diciendo que los embaucados que decían haber estado con el diablo, eran incautos a los que habían dado un alucinógeno que les hacía ver cosas durante el sueño. Que después de mucho consiguió la confianza de una de ellas y experimentó con el bálsamo que le vendió. Primero lo analizó y descubrió que estaba compuesto de las más variadas plantas. Luego lo untó a una criada suya, y se quedó toda la noche a su lado no observando nada más que un sueño agitado. Ella sin embargo a la mañana siguiente contó una serie de viajes que había hecho, y sitios extraños donde había estado, lo que corroboraba sus sospechas.

Luego lo experimento en si mismo comprobando el tipo de ensueños que generaba el producto, aunque por precaución había utilizado muy poco aceite. Ello le hizo defender a los pobres que confesaban ante la Inquisición, determinadas barbaridades, fruto de las alucinaciones, defensa que le hizo estar cercano a la acusación de brujería, y que lo salvó la cercanía con el monarca.

Pandereta


La adivina de la Calle del Tinte 

Cuenta D. Teodomiro Ramírez de Arellano que, en la calle del Tinte había una “adivina” y que tres amigos quisieron conocer a la que consideraban una embaucadora. Fueron un día a su casa y se asombraron por tener que esperar cola en el portal, había bastante gente esperando conocer su futuro.

Aquelarre de Goya

Al final entraron los tres diciendo que era el mismo asunto el que tenían que tratar. La habitación era pequeña con una mesita en el centro, tapada con un paño carmesí y dos velas amarillas encima. La señora se soliviantó diciendo que, como siendo tres llevábamos la misma consulta, se imaginaron que estaba teniendo en cuenta el importe de una consulta para tres. Le dijeron los amigos que les habían robado un caballo de un costo de 5000 reales y querían saber su paradero, Sacó una baraja sucia, echó las cartas sobre la mesa y después de invocar una serie de augurios dijo: 

"-Ya está aquí; no puedo revelar el sitio donde está el caballo, pero les aseguro que quien lo ha robado les debe muchos favores que ha pagado con su ingratitud, y que pronto lo soltará en un sitio donde lo recogerán sin problema."

Vista aérea actual de la calle Ravé.

Esta fue la aclaración de la echadora de cartas, no es sino un refugio de incautos que van a escuchar lo que quieren oir, y la “adivina” tiene unas dosis de psicología de calle bastante buenas, aunque en este caso no había caballo. Pues bien, una cosa así debe ser el origen del Panderete de las Brujas.

Nota: El RAE define como “panderete” a una pandereta, instrumento musical de percusión; un tipo de tabique de ladrillos verticales; y un encuentro de dos naipes preparado con fullería. Como curiosidad, un amigo de la red, el Dr. Mabuse, vivía en la calle Ravé y en el cine de verano citado, se fraguó el amor de sus padres.

Bibliografía: D. Teodomiro Ramírez de Arellano.
Fotografías: Cuadros Aquelarre y el Gran Cabrón de Goya 

3 comentarios :

Eduardo de Vicente dijo...

Pues con dicho ungüento alucinatorio en estos tiempos se habría echo de oro la adivina.

Saludos.

Paco Muñoz dijo...

Sí, desde luego. El mundo de la hechicería es un mundo de supercherías, lo mismo que el de los videntes. No dudo que no vieran cosas, pero es que se "colocaban" a tope. Eso vendría bien en esta lamentable época de poco empleo. Eduardo, en el Botánico de Córdoba había en la sala de Cactus, uno procedente de México, que creo recordar se llama “peyote”, que robaban y que le tuvieron que poner una reja para evitar su “marcha”, y que era un potente alucinógeno. Cuando hacen Vudú parece que existe algún producto que toman, y a lo mejor el incienso tiene efectos parecidos. Es broma esto último. (he repetido el comentario porque me da mucho apuro los errores ortográficos)

Molón Suave dijo...

Curiosamente, en España la Inquisición no persiguió demasiado a las brujas, comparándo con lo que ocurría en Europa, precisamente porque creían que se trataba, como así es, de pura superchería. Y, efectivamente, el peyote es un potente alucinógeno que se obtiene de la planta de igual nombre, una especie de ágave o pita de pequeño tamaño.