jueves, 24 de octubre de 2013

COCINA DEL PALACIO EPISCOPAL

Cúpulas centrales, dirección noreste

Como consecuencia de la necesidad de investigar cuestiones familiares, en libros sacramentales de la Diócesis del Obispado de Córdoba, en el archivo del Palacio Episcopal, antiguo alcázar emiral y califal, y a resultas de una comunicación con una amiga que allí trabaja, que me comentó esa posibilidad, decidí hacer una visita turística al Palacio.

Pasillo de entrada con la rampa, a la derecha la escalera de Mardones

He de decir que de niño tuve la posibilidad de corretear por muchas estancias, que me parecían entonces enormes, posiblemente por mi tamaño. Grandes y largos pasillos y creo recordar que hasta un dormitorio que tenía palio, en el que nuestra curiosidad no hizo mirar hasta en la mesilla de noche, que mi amigo Paquito el de San Jacinto, dijo ser del Obispo, que en aquel entonces Fray Albino. Nadie nos paró ni dijo ni siquiera:
-¡Dónde vais nenes! 

Escalera del Obispo Mardones y puerta de acceso al balconcillo

En otras ocasiones con motivo de algún concierto, ya había visitado en la primera planta un salón  de actos en el lado sureste del palacio, creo que era la Galería de los Obispos, en la que se encuentran óleos de estos. Justo es decir que, más de cincuenta años después, para solicitar el permiso de consultar los mencionados libros, también recorrí alguno de esos pasillos, y con una exquisita amabilidad se me atendió y se me facilitó, por parte del responsable, lo necesario para la solicitud, sin que nadie me parara por el camino para llegar hasta él.  

Pilares centrales de la estancia

Antes de lo citado procedí a recorrer los lugares que se pueden visitar, y que son la Capilla del Pilar, La escalera noble o principal, la cocina y el patio oeste, en el que coincidí con un colegio, al que le estaban obsequiando con una representación que no me paré a comprobar en qué consistía. Desde el patio principal, accedí por la puerta del rincón oeste, dejando a la izquierda la escalera del Obispo Mardones, a lo que es el motivo de esta entrada, la Cocina de Palacio.

Balconcillo del lado noreste

Estamos en la zona rehabilitada del Palacio Episcopal. Separada de la Capilla del Pilar por la escalera citada, se encuentran las hermosas dependencias espectaculares, con un cierto aire mudéjar, de lo que se supone fue la cocina de verano del Palacio Episcopal. Al igual que en los veranos las familias subían a la sierra, aquí en el palacio, en el verano se bajaba a las plantas inferiores en las que se soportaba mejor el rigor de la canícula cordobesa.

Ventana del lado noroeste que da al Callejón del Obispo

Se compone la dependencia de una matriz de tres por tres cúpulas, siendo ocho iguales en altura y la central algo mas alta, con una salida al exterior con un pequeño castillete. Su orientación es, cada rincón del cuadrado a un punto cardinal. La entrada es por el lado noreste, en cuyo rincón este tiene un balcón al que se accede por una puerta que tiene la escalera del Obispo Mardones en su primer rellano. 

Pilares centrales

En el lado noroeste existe un ventanal con vano que posiblemente fuese una puerta de salida al Callejón del Obispo, paso entre el Palacio de Congreso actual y el Palacio Obispal, los límites del antiguo Alcázar califal por su muro norte. En el lado sureste hay un ventanal y una puerta que da al patio oeste actual de la zona que he venido a llamar rehabilitada, por la razón que cambia sustancialmente con el contenido en el plano del primer tercio del siglo XX que he consultado. 

Detalle de una de las cupulas

Y en el suroeste una hornacina que sería puerta en su momento a otras estancias. Por debajo exactamente del centro de la estancia pasa la conducción de aguas, ya de época cristiana, que tiene su entrada, según el plano, por el rincón de la torre norte del Palacio, en la calle Torrijos. En el plano puede verse perfectamente el recorrido de las tuberías, procedentes de frente de mi casa en la calle Cardenal Herrero.

Cúpulas lado noroeste y ventana posiblemente antes puerta

Las cúpulas está sostenidas por cuatro altos muros cuadrados, con un basamento de pilares hasta una determinada altura y después de ladrillo, elemento constructivo que impera en la estancia, y en todas las cúpulas. Según una fotografía, esta estancia tenía una estructura metálica que la dotaba de dos alturas. 

Cúpula central con el castillete para facilitar entrada de luz y salida de humos

En algún texto se ha considerado el lugar como un oratorio de la época califal, pero lo más probable es que fuese siempre cocina o almacén, por considerar que no es lógico que un lugar sagrado se destine en el islam a otro uso distinto al religioso, y cuando menos bajar tanto en el escalón, aunque no hay duda en cuanto a la religiosidad que tienen los fogones, pues ya lo dijo Teresa de Ahumada: “Entended que, si es en la cocina, también entre los pucheros anda el Señor”

Balconcillo del lado noreste

La idea desde un punto de vista profano es publicitar este lugar, solicitando la "indulgencia" -es lo que procede en este caso- de los profesionales por haber deslizado, seguro, alguna apreciación fuera de lugar. Ahora el lugar, haya sido o no oratorio, atarazana o cocina, es un espacio expositivo precioso, que merece la pena visitar junto con el resto de los mencionados antes. Una estancia que llama la atención por su espectacularidad.

Plano actual de ese sector del palacio, arriba el callejón del obispo


 

Fotografías del autor
Bibliografía variada y de un excelente trabajo de Rocío Velasco.
Agradecimiento a mi amiga Marta por su colaboración.

8 comentarios :

PATXI GUERRIKABEITIA dijo...

Buenos días, amigos. Muy bonito y detallado relato. Las fotografías, son buenas, tan buenas, que se puede apreciar el despropósito de los restauradores. ¡Vamos! Que habría que darle un capón, cariñoso, pero un capón. Un abrazo, y a la espera del siguiente. Gracias Paco

Lucas Jurado Marín dijo...

Magnífica entrada como siempre, y las fotografías buenísimas, con gran calidad.

Paco Muñoz dijo...

Gracias Patxi. Más que restauración ha sido eliminar una estructura que estaba allí adosada y no rehacer una especie de horno que existía entre los dos pilares del sur. Dejar la piedra vista ya que antes estaba todo enlucido. Como curiosidad los muros de la mezquita lo estuvieron también, encalados, existe una fotografía en el que se ven así. En mi opinión, que desde luego es de profano, creo que está la actuación en el Palacio muy bien lograda. Parte del Palacio fue expropiada para excavarla, y el resto se rehízo de obra nueva. Lo expropiado es una estupenda colección de jaramagos, para no perder la costumbre. Había una cuadra con veinte comederos de caliza micrítica (azul con vetas blancas)del Rodadero de los Lobos que se han quedado quitados la mitad y a la intemperie. Para escribir un libro, pero esto no es achacable al Cabildo sino a la administración civil, y que no se me tache de converso, a Dios lo que es de Dios y al césar... Un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

Amigo Lucas, muchas gracias, como se nota que nos apreciamos mutuamente. Las fotografías hoy en día las hace la cámara, que no está mal. Eso sí no uso el flash en ningún momento, luego lo que haya que retocar lo hace photoshop, aunque en realidad no ha habido que hacer mucho. Un abrazo

Manolo Trujillo dijo...

Muy bonito. Por lo que entiendo no es difícil visitar esa zona del palacio. ¿Cual sería el trámite?

Paco Muñoz dijo...

Llegar a la puerta y pagar la entrada (1€) y ya te dicen el recorrido que puedes hacer. Simple. Un abrazo Manolo.

José Manuel Fuerte dijo...

Interesantísimo, y muy bien expuesto, tanto en fotografías como en el texto,... bueno, tampoco es de extrañar viniendo de ti.

Al no haberlo visto con anterioridad, no puedo opinar sobre la restauración del lugar, pero sí he visto la restauración del exterior y me ha gustado. Seguro que el comentarista Patxi tiene razones para concluir que no ha sido la correcta aquí.

En cuanto a un uso anterior, en época andalusí... bueno, la verdad es que yo dudo de que haya en el Palacio Episcopal pocos restos del alcázar o, si me apuras, visigótico, a pesar de que ya sufriera un incendio considerable. Me suelo basar en la lógica para sacar conclusiones (no muy científico por cierto) Paco, estoy contigo en considerar que es muy posible que en época califal ya se usara como cocinas, más que nada teniendo en cuenta que cuando alguien se muda a una casa de segunda mano, a pocos se les ocurre cambiar la cocina de lugar. ¿Por qué habría de hacerlo el obispo, si ya la tenía hecha? Con todos los cambios posteriores que se quiera, aunque algo quedaría aún. Solo especulación, por la lógica simplemente.
Gracias por compartir, y un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

Muchas gracias José Manuel. En el tema de las restauraciones opinar es complicado, creo que, como en la música o en la pintura (todo lo agradable al oído y la vista es arte), por lo menos para mí, me dejo llevar por el me gusta o no me gusta. Hablar de lo correcto en cuanto a una restauración de algo que tiene dos mil años, en cuanto a observar la correcta, es muy difícil. Se supone que en este lugar hubo un edificio romano, de categoría para que los visigodos lo utilizaran como alcázar para sus Aznares. Luego llegaron los árabes (emirales y califales) y lo reformaron a su gusto y moda, después los cristianos, y después los representantes del Vaticano. ¿cuál es la verdadera imagen que se debe reparar? para mi ninguna, respetar lo que esté evidente lo más posible y ya está. Lo tenemos con el puente, la gente lo critica pero fue una ruina muchas veces, han buscado las fotografías más antiguas y el restaurador se ha basado en ellas. Pero ¿cómo era antes de esas fotos? teniendo en cuenta que varió poco desde el grabado de Wingaerde, fecha más antigua de cómo era. Pues con el Califa era de madera, porque teóricamente no existía y pasarlo era una odisea. En cuanto al tema cocinas no lo sé, si que había un horno entre los pilares del sur porque Félix Hernández lo dejó reflejado en su plano. Me gusta o no me gusta, José Manuel. Un abrazo.