viernes, 16 de junio de 2017

EL AZULEJO DEL CONDE DE CABRA EN MEDINA Y CORELLA


Hace un par de días una amiga me preguntó sobre los azulejos de la calle Medina y Corella, esos que configuran un pentagrama musical con unas estrofas de la canción de la viuda del Conde de Cabra. La calle Medina y Corella fue una calle de mi niñez, yo viví con mis padres en el último patio de una enorme casa de vecinos, el número 4. Hoy en día está absorbida por la industria de la hostelería. Está al lado de lo que fue la puerta de Maternidad, hoy Filmoteca de Andalucía.

Luego de mayor, si se puede decir mayor con once o doce años, volví a esa casa a trabajar de platero con Carlos Onieva. Como me acuerdo de muchas personas de esa casa; sus padres; la Encarna y su "patulea" familiar, Conchita, los caseros; Luisa y Paco Díaz Roncero, su hijo; el Gallego de la taberna la Uva y su mujer Valle; y un sinfín de personas más. La pena es que por ser de generaciones anteriores todos están desaparecidos. Mi amigo y vecino actual Juani, el fotógrafo, también fue vecino de allí y hace un par de años falleció.

Calle Torrijos, la casa amarilla la construyó Azorín Izquierdo, el que construyó también el Grupo Escolar Rey Heredia.

El barrio de la Mezquita, en aquel entonces, dejaba de ser un barrio familiar para empezar a ser un barrio de tiendas dedicadas al turismo. Nosotros decíamos tiendas de postales, pero era más fino decir tiendas de souvenirs o de recuerdos. Se cerraba el Colegio San Eulogio. La plaza ya se había marchado de la Judería, Deanes y Manríquez al Campo Santo de los Mártires, al solar del cine Avenida. La "carretera nueva" se llamaba ahora Avda. del Dr. Fleming y los niños cada vez eran menos para jugar en Los Patios (nosotros decíamos Los Patios en lugar del Patio de los Naranjos).

Casa de lo que fue el Mesón del Conde, de la familia Baquerizo y antes de Duncan Shaw

El turismo y la cuestión generacional hizo a la familia Baquerizo vender su casa, la que habían comprado sus padres a Duncan Shaw, el propietario de la fabrica del plomo, el del cementerio de los protestantes de Chinales. Los nuevos compradores, pusieron allí un restaurante, El Mesón del Conde. Abrieron puertas por esa calle y un día apareció el azulejo. Parece que se relacionaba al Conde de Cabra con el Conde del rótulo del Mesón pero a nosotros nos daba lo mismo. Los primeros propietarios de las tiendas eran familia. Unos de los primeros en montar tiendas fue la familia Adarve. Éste del Mesón creo que era primo.

El Sr. Duncan Shaw

Después, el Sr. Adarve, el propietario del Mesón del Conde, asesinó a su mujer, una imponente señora, elegante y atractiva, creo que era sevillana, y hacía ruido. Nosotros, no estábamos en edad de merecer, pero escuchábamos a los mayores y sus exclamaciones por lo "bajini" cuando pasaba. Fue un crimen pasional, hablaban del clásico triángulo amoroso y cuestiones de celos y homosexualidad, pero es meterse en libros de caballerías.

Calle Medina y Corella, a la derecha el azulejo, al fondo la fachada oeste de la Mezquita

En esa misma pared del azulejo, pinté a Jerry Lewis y un nene se chivó a Ángel Baquerizo, pues era la fachada de su casa, de que había sido yo. Había que temerle, pero me llevó a mi madre y le dijo que yo tenía que entrar en la escuela de Artes y Oficios, que lo hacía muy bien. Mi madre los entendía. Menos mal. Ahora pinto cada vez menos. De nene decían era un poco prodigio con el lápiz. Pero volvamos al azulejo. 

Calle Torrijos y la entrada de Medina y Corella desde la barbería del maestro  Carreras

Una crónica del ABC de Sevilla decía: " Barrionuevo nos dice que el conde, que había quedado viudo de su primer matrimonio con una hermana del marqués de Priego, se había enamorado perdidamente de una viuda natural de la localidad de Castro del Río. La relación entre el conde y la viuda acabó en boda, aunque celebrada secretamente al no contar con el beneplácito de los Fernández de Córdoba, que la consideraban socialmente desigual. El matrimonio provocó tal escándalo que hasta el monarca intervino en el asunto, según cuenta Barrionuevo en su entrada del 28 de febrero de 1657. 

Nuevamente el azulejo

Lo reflejó así: «Su Majestad, se dice, ha enviado a prender al Conde Cabra, hijo del de Sesa, por haberse casado con su amiga, que la tenía en un convento en Lucena, viuda, con dos hijos de su marido, cosa que por acá se habla muy mal». Una semana más tarde daba pelos y señales de lo apuntado en su anterior aviso y afirmaba que «Doña Mencía de Avalos y Merino se llama la mujer con que se ha casado el Conde de Cabra en Lucena. Es vasalla suya, aunque hija de algo. Han ido a prenderle D. Juan Golfín, Oidor de Granada y D. Francisco de Cabra, Alcalde de aquella Audiencia, y a llevarle a León al Convento de San Marcos, y a ella a un monasterio de monjas de Alcaudete»

“...La Viudita, la viudita, la viudita se quiere casar
con el conde, conde de Cabra, conde de Cabra se casará.
Yo no quiero conde de Cabra, conde de Cabra, triste de mí
que a quien quiero solamente, solamente es a ti...”

En el centro la calle Medina y Corella

A los personajes de esta historia de amor frustrada, cuando pretendes confirmarlos con los árboles genealógicos, no parecen tan confirmables. Por ello lo mejor es dejarlos sin nombre real. Un noble, un Conde viudo, el de Cabra, que se casó o quiso unirse a otra viuda de menos alcurnia y todo su mundo se puso en su contra. Al final el ingreso de ella en un convento era la solución para desunir parejas. Como era una historia muy sabida, fue canción popular, Federico García Lorca, en su juventud escribió una obra sobre ella.

Medina y Corella, al fondo la casa que fue del Monte de Piedad, 
a la izquierda el azulejo

La calle. José Medina y Corella, canónigo, fue el fundador del Monte de Piedad, Entonces se llamaba Monte de Piedad del Señor Medina y Caja de Ahorros, el 1 se septiembre de 1864. Luego en 1878 se llamó Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, germen de lo que después fue Cajasur. Pero de Piedad nada, le subastaron a mi madre su colcha de novia que la tenía empeñada y no pudo renovar la papelilla, que significaba pagar los interese usureros, a pesar que en su doctrina era pecado. No se me olvidará mi madre llorando por su colcha.


Fotos del autor GoolZoom e Internet.

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