sábado, 2 de febrero de 2019

PABLITO EL DE LOS PIÑONES ERA GREGORIO

Pablito o Gregorio inseparable de su piñones como la guitarra de José Luis.

En la esquina de la calle de la Plata que nadie llamó nunca Victoriano Rivera, junto al Negresco típico establecimiento frecuentado por apoderados de toreros y otros especímenes de calle, incluso limpiabotas -profesión revalorizada por Rafael Álvarez (Búfalo) en el Juncal de Paco Rabal-, un sonido de cedazo y la frase ¡¡Vamos a vender!! eran el reclamo comercial de un simple negocio, la venta de piñones. El fruto rajado posiblemente por el calor y una puntilla con la punta machacada, que salía de un bolsillo del comerciante, eran todo lo demás para disfrutar del sabroso fruto de los pinos. No recuerdo la cuantía de la transacción comercial pero, como es lógico, era en pesetas. Los años sesenta, la firma comercial en el cedazo “Los piñones de Pablito”, pero él se llamaba Gregorio. Boina, camisa a cuadritos, remangada y siempre abierta, incluso en invierno, fornida y simpática presencia eran todo su marketing. 

Pablito o Gregorio en su negocio, Pilar y Lourdes Suárez, Paco Corripio

y el semáforo de gradilla

En la fotografía de Ricardo, lo vemos en la grada del estadio del Arcángel antiguo. En la otra fotografía (no sé su autoría) en su ubicación habitual y una novedad, en la gradilla de la calle Cruz Conde, unos semáforos con publicidad de Cervezas El Aguila. Un día cualquiera desapareció y las malas lenguas dijeron de todo: está en la cárcel por vender droga; lo han detenido por esta o aquella cuestión… pero nada era verdad,. Se había marchado con su familia a Mallorca buscando una mejor vida. Le había tocado la lotería en 1965 creo que diez mil duros (50.000 pesetas, casi trescientos euros actuales). Hasta tuvo que aclarar que todo lo que se decía de él era falso. Así es nuestra ciudad con sus hijos, adoptivos o naturales.

Urinarios de las Tendillas y el puesto de Palomitas

El tiempo, indiscutible medicina, lo sometió al olvido y Gregorio (o Pablito) que no se sabe si aún vive, lo más probable es que no, lo borró de la actualidad. Eran tiempos de palomitas en los barandales de los servicios de las Tendillas, de exuberante y rubia propietaria; de olor de calamares de la Malagueña; de mezcla de olores de la cercana casa Hoyo; de paso de corsarios para la Corredera; de citas de amores en la puerta de Telefónica; de muchas cosas que han desaparecido, como la taberna del Gallo de Maria Cristina, después de 83 años de existencia lo va a hacer definitivamente, a pesar de las firmas que se piden y el esfuerzo de algunos parroquianos.  

La Taberna El Gallo

Fotos de Ricardo e Internet
Bibliografía de la calle.

2 comentarios :

Antonio Luis Aguilera dijo...

Reciba mi admiración por su blog, una página tan cordobesa y de entrañables recuerdos para quienes peinamos canas.

Paco Muñoz dijo...

Muchas gracias Antonio Luis, nuestra ciudad atesora mucho. Un abrazo