domingo, 6 de mayo de 2018

LA ELECTRO MECÁNICAS, "LA LETRO" Y SU EXTRAORDINARIA EXPOSICIÓN.

Cartel anunciador

Tengo todo el material fotografiado de la interesantísima exposición sobre esa industria mater desaparecida de Córdoba, la Electro Mecánicas "la Letro" para los de a pie, pero me pesa mucho escribir sobre ello después de haber leído muchos buenos trabajos y escuchado muchas historias sobre la misma. He vivido en primera persona el cierre de Locsa, y compartido con muchos de sus componentes muchas horas de conversaciones, serias y menos serias, en ambientes serenos y de peroles. Me sé de memoria, muchos nombres y vida y milagros de sus protagonistas. He constatado la conversión de muchos revolucionarios entonces y confirmado lo que significa la deriva del converso.





Creo que, en el fondo la labor organizativa y reivindicativa sindical y la lucha de los trabajadores, ha llevado a los afectados a tener un retiro digno, a la mayoría el máximo que permite la ley y a muchos indemnizaciones millonarias, en pesetas, por aquello de que los duelos con pan son menos. No se podría entender Córdoba sin esos cien años de industria. He de decir que nadie en mi familia ha pertenecido a la "fábrica", que mi cercanía a ella lo ha sido por los amigos actuales y vecinos de mi barrio, la Mezquita, en el que había varias familias que trabajaban en ella. Así a voz de pronto me acuerdo de Manolo Soriano y su sobrino Cecilia, de Ángel Caballero, de Ariza, marido de la Manola, del Nene-niño, Borrego, Fariña (no tiene nada que ver con el gallego si se me permite la broma), mi buen y malogrado amigo Antonio Salcedo, etc. etc.




Todos, o una gran mayoría, ciclistas, pues era el medio que empleaban para acudir al trabajo. Luego fui viendo la motorización de muchos, primero el "mosquito" y luego la motocicleta para después el seiscientos. Me acuerdo de un accidente en el peligroso viaducto, que se llamaba de la Electro, de Cecilia con su moto impactando con la cabeza en la caja de herramientas de un camión. En el bloque donde vivo desde el año 1973, había dos vecinos que trabajaban allí también, hablo en pasado porque una señora, Rafaela, ya no vive y otro que se marchó de la casa, un tercero trabajó en ella antes, que si vive aún y tiene ochenta y un años. Era una gran influencia que ejerció "la Letro", sobre la economía de los cordobeses y cordobesas, . 




Creo que, si es raro no tener un familiar o amigo que no haya sido platero, le gana con creces el no tener un amigo o familiar que no haya trabajado en la "Letro". Si tuvo en algún momento cuatro mil personas de plantilla, esto se entiende. Y luego estaba el entramado social, con esa paternalista forma empresarial, que conseguía, darle a los trabajadores todo lo necesario. También cuando trabajé de cobrador de autobús, allá por el 1969, viví esas madrugadas en las que llevábamos gratis a los empleados, no a los obreros, a la fábrica y entrabamos a ella con el autobús especial, para después incorporarnos a la línea normal. El paternalismo pasó en lo últimos tiempos por la división de la masa obrera, por aquello de divide y vencerás.






Juan Priego

Recuerdo con horror una redada de la policía fascista, creo que por los cincuenta del siglo XX, que se asemejaba a las que hicieron en la guerra incivil para llenar camiones y fusilar a los trabajadores, diezmando los turnos, en aquella ola de terror sistemática para vencer en las ciudades controladas por los golpistas cualquier atisbo de resistencia. Recuerdo esa redada porque detuvieron al hermano de mi tía Maruja, que para más inri, era una persona poco revolucionaria, pero le tocó. Aquello fue sonado en la familia, y a mí, personalmente, me cayó bien el hombre después, porque lo habían tachado de comunista, sin serlo, pero ya lo habían marcado con la detención y posterior paliza-tortura-policial, como tal. Después conocí a muchos de  los verdaderos revolucionarios, hoy algunos ya poco, por las teorías filosóficas de Ortega, pero que en aquellos entonces eran los "guardianes de la revolución". Es normal, la juventud lejos, bastante pasada y un retiro cómodo, permiten ciertas libertades y suavizaciones revolucionarias.  







Economato, que era un lujo, médico, atención farmacéutica, colegios, Escuela de Aprendices, y casa -es verdad que para todos no- cuando se vivía hacinados en casa de vecinos, era elementos de sobra para querer a la empresa, sobre todo los beneficiados. Luego Club de Matrimonios, antes equipo de fútbol amateur y campo de deportes. La empresa evidentemente no daba puntadas sin hilo. Este especie de socialismo paternalista, era una forma de conseguir un mayor apego empresarial, que sin duda redundaría en una mayor producción y por ende en un mayor beneficio para los accionistas. Después vinieron las disgregaciones empresariales, que aún hoy, soy incapaz de seguir ese árbol genealógico, incluso la nuevas ramas que ya no tienen nada que ver, o ver poco teóricamente, con el tronco principal.   





No quiero olvidar el esfuerzo que se ha tenido por una serie de personas para conseguir que después de cien años, se instalase esta interesante exposición, porque era necesario. No conozco al equipo completo, pero sí a un peón de brega, empleando la terminología taurina, por el valor que hay que tener para esta lidia, Bartolomé Olivares, que sin ser el comisario de la exposición está dándolo todo por el éxito de la misma y que obviamente, en gran parte estimo, se debe a sus desvelos. Por lo menos es lo que veo. El viernes pasado estuve de espectador en una mesa redonda, en la que otro luchador, el sociólogo Pedro Pascual, coordinó la recogida de la memoria oral de los invitados, entre los que afortunadamente había dos mujeres.





Entre los recuerdos expuestos en la citada mesa, la dudas personales, la defensa de la lucha sindical, e incluso la exposición de expresiones económicas de alta empresa, que justificaban, acaso, determinaciones de dirección. Hubo algunas propuestas, la primera de ampliar el tiempo de la nostálgica muestra, y otra de conseguir alguno de los edificios abandonados, que fuesen testigo inmemorial, de la fábrica y sus gentes. Pese a lo que pese, no se puede olvidar el impacto de la Compañía Española de Construcciones Electromecánicas, recortada Electro Mecánicas, y más recortada "Letro", ha tenido en la ciudad, sin olvidar que a la vez desaparecieron muchas industrias de calado también, que se pueden citar a riesgo de olvidar alguna: Serra León, Fundiciones Alba, La Cordobesa, La Porcelana, Easo, Rodríguez, etc. etc. que significaron convertir nuestra ciudad en una ciudad de servicios.




El declive y desaparición de esta empresa, fue sin duda, el declive de la actividad industrial y empresarial de nuestra ciudad y de la incapacidad y desidia de sus gobernantes para conseguir su sustitución por otras o por mantener algunas. Es verdad que la desaparición de muchas de ellas fueron fruto de la marcha de este valle de lágrimas de los patriarcas, por ser industrias meramente familiares. Pero esto no justifica nada, la falta absoluta de iniciativa es una realidad. Antes hasta un ferrocarril para llevarse fuera de nuestra provincia los minerales que, desde antaño, han extraído todas las civilizaciones sin dejar nada aquí. Bienvenida esta exposición, importante reactivar esos recuerdos, conocer los materiales expuestos, a sabiendas que muchos de ellos quedaran en esa joya de la corona municipal que es el Archivo Municipal, donde se custodiaran con esmero por los siglos de los siglos, para goce de los investigadores y generaciones futuras.

Créditos

Comisariado: Rafael Obrero Guisado. Documentación: Bartolomé Olivares Dobao., Pedro Pascual Lindes. Asesor científico: Juan Manuel Cano Sanchiz. Imágen gráfica: Estudio Pablo Gallego. Vídeos: Victor Jurado Cañas, Cordobaestaenti.es





Del folleto



Del Folleto y paneles:

"VIDA E IMPACTO DE UNA INDUSTRIA ELECTROMECÁNICAS 1917-2017

METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN REALIZADA

Lo biográfico historia oral-historias de vida

"Amar a alguien es oírle contar su vida y contarle la tuya. Y existir, por lo general, es el relato de tu vida. Entonces, el relato puede ser de tal o cual naturaleza, heroica, cómica, etc. Pero se necesita un relato, hay que contar, relatar, hay que hacer que la vida sea algo que se pueda decir. Todos necesitamos un relato para existir". (Michel Serres).




La información que recoge esta exposición (documentos orales y escritos, imágenes de video de entrevistas, fotografías, objetos personales, así como la disposición en que se presentan) es fruto de un trabajo de campo realizado con fines de utilización científica bajo el llamado método biográfico en ciencias sociales.

Dos son los conceptos en los que se sustenta este método: el de historia oral y el de la historia de vida En este caso, mostramos la historia oral de un acontecimiento, de un proceso histórico La vida industrial y barrial de la fábrica de Electromecánicas de Córdoba, a través del material biográfico generado con historias de vida de vanas personas de un mismo entorno, bien sean familiares, vecinos de un barrio, o compañeros de una institución, para explicarnos a "varías voces' una misma historia" (Pujadas, 1992).




Un tiempo dilatado en el cual tratamos de constatar el cambio, comprobar no sólo que se da sino que afecta a la identidad de los sujetos, a su transformación. Investigar la palabra de quien nos narra su historia no equivale a acotar un objeto, sino a entrar en el circuito del don. Dar la palabra significa establecer un vínculo en el que la mención del pasado, la experiencia vivida, no se queda en mera notificación, en el mero hacer saber. Significa que quien escucha se hace depositario de la historia y por consiguiente, ésta le seguirá incumbiendo, parque no es la historia sin más la que es maestra sino que la historia de vida es maestra de vida" (José Miguel Marinas. 2007).




La recopilación de relatos de vida no es una técnica Es mucho más que eso, es una perspectiva sociológica. Y esta perspectiva compromete, inevitablemente, una puesta en cuestión de todas los demás aspectos de la práctica sociológica La perspectiva biográfica es una nueva manera de hacer sociología" (Françoise Morin, 1980)

HISTORIA

La mano de obra ocupada por SECEM fue mayoritariamente masculina. En los puestos que requerían menos fuerza física y que resultaban menos peligrosos trabajaron también mujeres, pero en un porcentaje muy pequeño y en unas franjas de edad muy determinadas; se preferían mueres solteras entre 11 y 25 años. En SECEM la mujer era empleada sobre todo en cartuchería o en el muelle de expediciones, etiquetando los productos elaborados. También prestó sus servicios en los talleres de Construcciones Eléctricas, Trefilería y Laminación. Por su parte, los varones ingresaban en la fábrica desde los 12 años, en calidad de aprendices.



SECEM presentaba, grosso modo, un clima general de trabajo moderno para la época. La Sociedad mantenía acuerdos con una compañía aseguradora que se hacía cargo de las indemnizaciones de los obreros que causaban baja por accidente, de manera temporal o permanente.

Sin embargo, ello no fue suficiente para mantener un ambiente satisfactorio entre los obreros a lo largo del tiempo, sucediéndose etapas de malestar que generaron tensiones y, en algunos casos, huelgas (destacando entre todas ellas la acontecida en 1932).



La jornada laboral estaba establecida, en 48 horas semanales, es decir, 8 diarias con un día de descanso. La cantidad de trabajo que cada obrero desempeñaba era controlada por el listero, que recorría los distintos talleres recogiendo información en unos vales sobre las horas dedicadas y el tipo de labor realizada (por horas o a destajo). Dichos vales eran entregados a Contabilidad, estableciéndose con ellos el dinero que cada obrero debía percibir. Para realizar esta tarea, el listero revisaba las fichas de control de los obreros, un pequeño disco metálico en el que estaba grabado el numero que lo identificaba. Al llegar a la fabrica el obrero pasaba por Portería para recoger su ficha, que colgaba en el panel situado en su taller. Al terminar la jornada, volvía a depositar la ficha en portería.



Los empleados, por su parte, disfrutaban de una retribución fija, mensual o anual. La empresa les exigía un cierto grado de dedicación exclusiva, que compensaba con un mejor sueldo, vacaciones pagadas, servicio médico y farmacéutico extensible a la familia y remuneración de bajas. La distinción entre obreros y empleados se mantuvo hasta la década de 1940, cuando se estableció a nivel nacional la siguiente clasificación socio laboral: obreros, subalternos, empleados y titulados superiores.

Fuera de la instalación fabril, se previó también la necesidad de terrenos para uso residencial, alojamientos de los obreros y del personal de administración y servicios, así como una gran extensión destinada a bosque de eucaliptos, especie utilizada en el proceso de refino del cobre. En total, la Sociedad se hizo con algo más de 180 hectáreas.



El arquitecto del primer conjunto industrial de SECEM en Córdoba, y de la primera barriada obrera, fue el suizo Francois Gay. Gay comenzó a desarrollar su trabajo a finales de 1917 desde París. Finalmente, entre 1919 y 1921 proyectaría los casi 30 edificios que componían el conjunto fabril originario. Todo estaría Listo para 1921, salvo el taller de Electrólisis -que debería esperar un año más-, momento en el que la fábrica comenzaba a producir. Ese mismo año se inauguraba el barrio Electromecánicas I al norte de la carretera de Palma del Río: 70 casas para obreros, economato, campo de fútbol y una escuela mixta de párvulos. Al otro lado de la carretera san construyó, contemporáneamente, un pequeño barrio para empleados e ingenieros dotado de seis chalets.




Durante la década de 1940 se construye el Barrio Electromecánicas II, proyecto del arquitecto Fernando de la Cuadra e Irizar, que incluya 86 viviendas y diversos equipamientos. El nuevo barrio obrero se ubicó frente al de los ingenieros, justo a la entrada a la fabrica, en el lado sur de la carretera de Palma.

Por último, en 1957 comienza la construcción del barrio Electromecánicas III. proyecto de Eduardo Figueroa y Alfonso Martínez, que inicialmente preveía 237 viviendas que no llegaron a completarse. Este barrio se desarrollo entre el campo de fútbol y la actual barriada de Las Palmeras, al norte de la carretera."


Fotografías y vídeo de la exposición y del Instituto Cartográfico de Cataluña (1965)
Bibliografía del folleto y paneles expositivos, y de la vida misma

4 comentarios :

PATXI GUERRIKABEITIA dijo...

Buenos días, amigos. Paco, tienes razón “La letro” está en la historia de muchas de nuestras vidas. Muchos dicen que estos tipos de poblados se hicieron para que los trabjadores venidos de distintos puntos de la geografía tuviesen vivienda y servicios. Otros añaden que además tenían a los trabajadores controlados. Ahí lo de la redada que comentas. En el año 1969 también hubo una en el poblado de Barreiros. También los ferroviarios teníamos edificios, pabellones les llamaban. También teníamos economato, al principio llegaba a Córdoba en un tren destinado a abastecer de víveres, que en otros sitios estaban racionados.
Luego, pusieron un economato fijo en la calle de la Bodega, frente de la puerta trasera de la casa de Manolete. Cuando estaba abierta la puerta veamos el “Haiga”
Bueno, a lo que vamos. Yo tenía un gran amigo “el colilla” que su padre trabajaba en la Letro e íbamos con la bici, a recoger víveres. Por este motivo y por el del futbol iba mucho. Luego cuando hicieron los campos de Enrique Puga, iba menos.
Estuve entrenando con el equipo juvenil de La Letro, allí coincidí con Pepe Escalante, somos de la misma edad. Fui a la Letro, porque jugaba en el Nazaret, y cuando llegue a juvenil año 1965 tenía que pasar al Seneca. San Lorenzo me pillaba un poco lejos. No me quedé en La Letro, porque hicieron el Europa Juvenil en la Huerta de la Reina, sede social Casa Torcuato.
En una de mis idas con el “Colilla” presencié el accidente más horrible de mi vida.
No sé si recuerdas que por allí entraba la línea de Málaga. Había un paso a nivel, que estando cerrado la gente se lo pasaba por allí mismo.
El día de marras, estamos esperando que pasase el Talgo, que por cierto pasaba a toda hostia, había un muchacho que iba conduciendo una Vespa, recuerdo que me quedé mirando una botas camperas que llevaba, me quedé extasiado cuando me fijé que eran labradas.
El muchacho, se cambio de pié, y en ese preciso instante la moto salió disparada hacia delante, en el mismo instante que pasaba el Talgo y lo atropelló.
Moto y muchacho salieron volando. Cuando paró el tren, fuimos con el Guardabarreras a ver como estaba el atropellado. La moto estaba hecha polvo, el muchacho estaba, como luego en mis tiempos de ferroviario poníamos en el acta de retirada de cadáver; “al parecer difunto” lo que más nos llamo la atención es que las botas habían salido disparadas de los pies.
Un abrazo y perdón por la chapa.

Paco Muñoz dijo...

Gracias amigo Patxi,

Esos poblamos tenían muchas justificaciones. En primer lugar parece que fueron las viviendas para los más "adictos colaboradores", luego accedieron otros, pero no había viviendas para todos, hubieron en algún momento cuatro mil. De todas formas los objetivos podían ser muchos, desde el paternalismo y tener trabajadores agradecidos, hasta cualquier cosa. Y si, los ferroviarios, con los que en un momento tuve mucha relación por los amigos, teníais pabellones en la Avd. América y en los Santos Pintados, conocía a varios compañeros tuyos que vivían allí. De fútbol sé muy poco, nunca me interesó, de eso me arrepentí porque le llevé la contraria a mi padre que era un buen aficionado. Menos mal que encontró esa afición en mis hijos.
El accidente y las botas, cuando en un accidente el accidentado pierde los zapatos casi siempre es resultado de muerte. Pero el Talgo y una motocicleta, poco podía hacer. La línea de Málaga se incorpora debajo del actual viaducto de los Olivos Borrachos, antes estaba o estará la estación intercambiadora de ejes.
Que de historias tenemos en el disco duro amigo Paco. Que se perderán cuando entreguemos la cuchara. En fin.

Un abrazo compañero Salud.

Anónimo dijo...

Hola soy Ana Ortega, hija de un trabajador de la "Letro". Mi infancia y adolescencia están ligados a esa fábrica, donde mi padre pasaba largas jornadas a veces de 12 horas. Lamenté no poder ir en el ajetreado mes de mayo a la Diputación para ver la exposición. Creo que hubiera merecido quedarse al menos 2 meses ya que no ha habido otro centro de trabajo que reuniera 5.000 trabajadores en esta ciudad, y somos muchos los cordobeses y cordobesas que hubiéramos disfrutado de la visita.
No entiendo porque la obra de otros " selectos " artistas a veces se mantienen tanto tiempo en las salas y esta exposición que habla de los trabajadores cordobeses a lo largo de casi 70 años no.Esperemos que podamos volver a verla en otra ocasión.
Gracias por tu excelente trabajo en este blog.AnaOT

Paco Muñoz dijo...

Ana Ortega, muchas gracias por tus palabras. Rara era la familia que no tenía un familiar que trabajará en la Electro, o un platero. Era lo habitual. Hoy rara es la persona que no tienen un parado/a o un explotado. Han cambiado la tornas. Decirte que a raíz de la exposición, ha surgido una Asociación para la Defensa del Patrimonio Industrial, que ha realizado ya diversas acciones, incluso una serie de conferencias con notable éxito. Esta es su dirección de Facebook https://www.facebook.com/groups/511280186054328/
Te reitero las gracias y te envío un cordial saludo.