domingo, 29 de noviembre de 2009

LA ERMITA DEL AMPARO.


 Portada de la Ermita
Ermita del Amparo.

La calle del Amparo, llamada antes del Hospital, por haber existido en ella el Hospital de la Lámpara, tiene a su entrada desde Corregidor Luis de la Cerda, una pequeña placita donde está la portada de la Ermita. Era una pequeña iglesia con tres altares nada significativos, según diversos autores. Tres esculturas que se suponen fueron del mismo autor, aunque éste es desconocido.
El citado Hospital que tuvo su sede en este lugar, se llamó de la Lámpara, datado desde el siglo XIII y existen referencias que en el siglo XVI se dedicaba a la curación de enfermedades venéreas en mujeres, quizás por la cercanía de la mancebía en ese tiempo, mancebía que ha durado hasta el siglo XXI en sus cercanías, quedando sólo una pequeña muestra en la confluencia de Rey Heredia, con Cabezas y Horno de Porras.
Se ocupaba de él una cofradía dedicada a San Cristóbal y María Magdalena, como figura en el azulejo de la pared. Posteriormente se ocupó otra llamada del Rosario y Nuestra Señora del Amparo, que fue la que quedó hasta su desaparición definitiva.

Azulejo de la Ermita
Azulejo que habla del Hospital.(Posesión del Hospital de la Lámpara y de la Magdalena)Añadir imagen

Las fiestas y posiblemente la feria del lugar en agosto, que eran en honor de las titulares de la Ermita, fuesen el motivo del nombre de la cercana calle de La Feria. Hay que tener en cuenta que la calle de la Feria fue de las más importantes de la ciudad, y sus calles adyacentes, estaban ocupadas por numerosos gremios, que hacían del lugar un núcleo comercial importante.
Pío Baroja menciona esos festejos en su “Feria de los Discretos”, refiriéndose a las fiestas de la cofradía de la Lámpara o del Amparo, del gremio de calceteros:
“…aquí se celebraban antiguamente la mayoría de los espectáculos. Ahí se ejecutaba, se corrían toros y cañas, y durante los ocho días anteriores a la Virgen de Linares, los calceteros tenían una gran feria. Por eso en las calles hay tantas ventanas y galerías.”
Igualmente, el morisco Hernando, de “La Mano de Fátima” de Ildefonso Falcones, al igual que el Crispín de Baroja, recorrió esos lugares pero en la Córdoba del siglo XVI.
En el año 1528 sufrió una reestructuración de la edificación. Ya en el siglo XVIII, concretamente en 1729, Miguel Vicente Cebrián de profesión obispo, fue el impulsor de reedificar el edificio, que fue dedicado al recogimiento de mujeres “perdidas”, siempre por quienes las usaban, y que luego las querían redimir enclaustrándolas, cuya “pérdida” era motivada por la necesidad de comer o dar de comer a los suyos.

 Lienzo de la Portada de la Ermita
Lienzo de la Virgen que figura en la pared de la Ermita.


A mitad del siglo XIX entró en una acelerada ruina, que hizo al Ayuntamiento acometer su derribo. Sólo queda su portada de simple puerta de arco rebajado. Arriba a la derecha tiene un gran lienzo de la Virgen y ventana enrejada. Todo ello está cubierto con un tejaroz (1). Este lienzo ha estado mucho tiempo a la intemperie, estando ahora protegido por un cristal. Encima de la portada tiene una pequeña espadaña sin campana, formada por un arco de medio punto rematada por un triángulo. Ignoramos si la lámpara que cuelga del tejaroz de la entrada, es una alegoría al nombre del Hospital que fue.

 Cruz de mayo de la plaza del Amparo
Cruz de mayo en la plazuela que representa la Cruz del Rastro. A la izquierda se ve parte del lienzo superior de la Ermita y de la puerta.

La casa adyacente estuvo mucho tiempo ocupada por un taller de hojalatería, llamado de Villafuerte. Hay una fotografía en la que se ve una cruz de mayo que se instaló en la pequeña plazuela, que comprueba el extremo citado. En ese tiempo, el hojalatero, latonero, era una profesión importante. Había uno en la ciudad que se llamaba Moyano, que en la latonería era un poco el abogado de lo imposible, algo así como San Expedito o San Judas Tadeo, ya que cuando una cosa no tenía arreglo, o éste era poco menos que imposible, se decía“Esto no lo arregla ni Moyano el latonero”, que para acabar con la curiosidad y cerrar esa interrelación que tienen la mayoría de las cosas, era el marido de una tía abuela de quien suscribe.

 Mensula del tejaroz
Ménsula de madera citada, sujetando el tejaroz.
En la misma calle, en los pisos que construyo Vimcorsa en los números cinco y siete, a continuación de los solares de la ermita y del taller de Fontanería citado, y según nos aporta el amigo Ben-Saprut se encontró la escultura de Afrodita agachada, que se puede ver en el Museo Arqueológico y Etnológico Provincial. También en la parte del solar, que ahora mismo contiene otra exposición de jaramagos y de esos árboles de crecimiento rápido de los solares, lindante con la Cruz de Rastro -dónde había un almacén creo que de maderas, de José Mellado, pues siempre asomaban éstas por la pared, que ha cambiado muy poco con la actual, bueno que estaba mejor cuidada la anterior-, existen restos de la muralla. En ese lugar -en la desembocadura de la antigua Cardenal González a la Feria-, estaba la llamada Puerta de Hierro o de Zaragoza, o del Sol, o Pescadería, de la ciudad amurallada.

Acompaño una fotografía de esas fechas, que por la uniformidad de los municipales y el carro, podrá ser de principio de los años cincuenta del siglo XX, y es muy interesante.


Cruz de Rastro
Cruz de Rastro, esquina del solar que se anexionó al de la Ermita.

Nota aclaratoria a un comentario:
No procede aclarar aquí en una entrada dedicada a la antigua Ermita del Amparo u Hospital de la Lámpara un tema de la Red de Juderías. Pero en una de las entradas un lector con el seudónimo de Séneca, preguntó hace años sobre unos mapas de latón fundido que hay por las calles de la ciudad. Harazen, un blogger cordobés de categoría y gran conocedor de la ciudad, nos ha aclarado lo siguiente: "me he topado con la pregunta de Séneca. Creo que se refiere a los adoquines de latón dorado con la forma del mapa de España en el que están grabadas las letras que forman la palabra SEFARAD. Están en todos los cascos antiguos que pertenecen a la red de Juderías Españolas." Y efectivamente eso es lo que significan. Más vale tarde que nunca. Gracias Harazen


(1) El tejaroz es un elemento arquitectónico volado sobre la fachada, a modo de pequeño tejadillo. Si el saliente lo es en consideración, se suele apoyar en canes o ménsulas de ladrillo o madera, siendo de este último material el que podemos ver en éste tejaroz citado.

Fotos del autor, Internet y AMC
Bibliografía variada.

sábado, 28 de noviembre de 2009

UN FINADO EN REY HEREDIA


Calle Rey Heredia
Calle Rey Heredia


Había calles en Córdoba, que tenían un nivel de ruido mucho más bajo que las demás. Por su casi ausencia de tráfico, por tener una vecindad mayor, y carecer de chiquillería, y por algunos motivos más. Una de esas era la calle Rey Heredia, llamada antes, del Duque.

Esta calle nace, si se le puede llamar nacer a una calle, en Ángel de Saavedra -El Duque de Rivas-, antigua Pedregosa, y deja de serlo en la confluencia de Cabezas -por las siete de los de Lara- Caldereros y Badanillas -un gremio y donde estaba mi “amiga”(colegio)-, y afluyen a ella Encarnación, Horno del Cristo, Corral de Bataneros, Osio y Portería de Santa Clara. Aún siendo interesante la descripción de las calles que confluyen en Rey Heredia, y algunos de los monumentos que contienen, no lo es menos el personaje a quien está dedicada.

D. José María Rey Heredia, falleció el 19 de febrero de 1861, en la casa número 12 de la antigua calle del Duque, desde ese día José Rey, a la edad de 43 años. Era Catedrático de Lógica y Psicología de la Universidad Central de Madrid, y una de sus obras más relevantes fue “La Teoría Trascendental de las Cantidades Imaginarias”.

El Ayuntamiento de Córdoba, que estaba presidido por D. Carlos Ramírez de Arellano presentó, ese mismo día de su fallecimiento, una moción en la que figuraban los siguientes puntos, que fueron aprobados por unanimidad:

“1°. Se concede bovedilla perpetua a su cadáver en el cementerio de la Salud.
2°. Se pagará por la Corporación, y cargo al capítulo de Imprevistos, la lápida que cubra sus restos mortuorios, proporcionando así, y de una manera indirecta, un pequeño socorro a su desconsolada familia.
3°. Se procurará adquirir un retrato suyo, el cual se depositará en la sala de sesiones, donde, a ejemplo de lo que en otras partes se hace, debe procurarse formar una colección de retratos de cordobeses ilustres.
4°. Se mudará el nombre de la calle en que ha ocurrido su fallecimiento, la cual deberá llamarse, en lo sucesivo, Calle de José Rey.”

En las páginas de opinión del diario Córdoba, leí en octubre una –que no tiene desperdicio- que se refiere a la tumba del eminente cordobés nacido en la calle Moriscos.




 Casa Duques de Medina Sidonia
Casa de los Duques de Medina Sidonia.


Hemos expresado nuestro modesto homenaje al joven científico cordobés. Volvemos ahora a su calle y, una vez pasada la portada de la Casa de los Duques de Medina Sidonia, que fue propiedad de Enrique de Castilla, bastardo de Enrique II, casado con la cordobesa Doña Juana de Sousa –casa que hoy en día está anexionada a la Casa del Judío, que tiene una escalera barroca y en el balcón el escudo de los Armenta-, un grupo de tres niños, que entre todos no sumaban veintisiete años, subían en dirección a la de Ángel de Saavedra, y casi debajo de la espadaña del Convento de la Encarnación, dónde se ensancha algo la estrecha calle, en el silencio de la misma, acrecentado por la hora de la siesta, sentimos gritos de mujer, que eran incomprensibles, acompañados de llanto. Buscamos de dónde podían venir y comprobamos que eran de una casa de la acera de los impares.



 Casa del finado
Casa del finado.


Los tres mocosos, que nos creímos ser los tres mosqueteros, decidimos entrar en la casa, hasta encontrar el lugar exacto de los gritos. Pasamos un portal que tenía media hoja abierta y nos encontramos en un patio, que también cruzamos, al que daban una serie de habitaciones. De una de ellas, en la parte derecha del patio, que también tenía ventana al mismo, salían los chillidos, que ahora estaban más apaciguados y se habían quedado sólo en llanto. El más tunante -que no es necesario certificar quién era-, se asomó por la ventana y advirtió que en la habitación había dos mujeres vestidas de negro, una sentada, que era la que lloraba, y otra de pie sujetando a la primera por los hombros consolándola, y una tercera persona encima de una cama, destapado, liado en una sabana, con un pañuelo sujetándole la mandíbula y anudado a la cabeza, una nariz aguileña muy afilada, con un color de piel que no se me olvidará nunca.

-¡¡Era un cadáver!! -vamos no éramos entonces tan finos, -era… ¡¡un muerto!!

Un señor mayor –de edad difícil de calcular por un niño-, que además tenía unos algodones que le asomaban por los orificios de la nariz. Y en las mesillas de noche había unas velas encendidas.

Puedo perfectamente describir esa imagen, cincuenta y tantos años después, así que nos podemos imaginar cómo estaría de fresca esa descripción, esa primera noche y otras noches sucesivas, si a estas alturas aún no se ha borrado del todo. Ayer por la mañana, cuando iba a fotografiar la Ermita del Caballero de Gracia, pasé por la puerta, rememorando todo. La de veces que tuve que repetir a los demás el episodio, e incluso a otros.

Y lo que significaba subir a mi casa ya anochecido, pasar primero un portal oscuro, una puerta que era la entrada de un tenebroso sótano, en el primer rellano de la escalera que era complicada, con escalones de ladrillo rojo con el filo de madera. Cuando subía pedía a voces, desesperadamente:

-¡¡Mamá, enciende!! -para que encendieran la luz de la escalera.

Pero cuando alguno de mis padres la encendía, yo ya había llegado al primer piso, es decir, tres rellanos de escalera y unos veinte escalones, de dos o tres zancadas y, mucho más rápido aún, si antes había metido la mano en el rincón de la escalera, donde había una percha, y tocado alguna prenda que estuviese en ella colgada. Eso sin que, estuviera también, para acabarlo de empatar, la puerta del sótano abierta.

En fin siempre hay una primera vez, y a mí por la curiosidad insana, que es sana para otras cosas, me tocó ver a aquel señor de tez amarillo terrosa, rostro afilado, nariz puntiaguda, vestido de aquella manera, es decir amortajado, luego me enteré que se llamaba sudario lo que el Sr. tenía puesto, -y digo yo, sudario el que me entraba a mí cuando recordaba el espectáculo-.

viernes, 27 de noviembre de 2009

ERMITA DEL CABALLERO DE GRACIA.


Fachada Principal

Fachada Principal.

Esta Ermita está situada en la calle Encarnación haciendo esquina con Rey Heredia, en los números 1 y 3 de la citada calle, exactamente frente a la entrada del Convento de la Encarnación. Es una pequeña ermita sin espadaña, que fue fundada por D. Francisco de Olid y Vargas.

Tenía allí su sede una Hermandad que se denominaba Escuela de Cristo o Venerable Congregación de Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, que se adscribía a la comunidad de la Encarnación, se dedicaba al rosario y hacía una fiestas dedicadas a Cristo Crucificado que se realizaban en la iglesia del Convento. En el dintel de entrada tiene la fecha de 1743, y encima el escudo de la Orden. A esta cofradía, pero en Madrid, estaban adscritos casi todos los relevantes escritores del momento, Lope de Vega, Cervantes, Quevedo, etc.


Portada

Portada.

Cuando estaba en uso tenía capellán con vivienda en la misma ermita. Desde que se cerró, fecha que desconocemos, sus pertenencias están repartidas por otras instituciones.

Su planta es rectangular, con cabecera plana, como se puede observar en las fotografías. La nave se cubre con bóveda de arista decorada con yeserías y la cabecera con una bóveda elíptica sobre pechinas ornamentadas con decoración vegetal” dice T. Ramírez de Arellano. El trazado de la Iglesia presenta las características propias de la arquitectura cordobesa de mediados del siglo XVIII.

Boceto

Boceto.

Su fachada es sobria con una entrada barroca adintelada enmarcada con pilastras. La portada es el paso a una sala intermedia comunicada con el cuerpo central, y tiene un segundo cuerpo de molduras abundantes. Parece ser que su retablo y yeserías están atribuidos a Pedro Duque Cornejo, el primero se trasladó al seminario. Nunca la hemos visto abierta, por lo tanto nunca hemos tenido oportunidad de entrar en ella.


Plano Catastral

Plano catastral donde se ve el error de la fachada de Rey Heredia.

El plano catastral tiene un error, se conoce que la inclinación del vuelo les hizo una mala pasada interpretando una entrada donde no existe, es decir en la fachada de la calle Rey Heredia. Tiene un suelo según el catastro de 210 m2 y una superficie construida de 302 m2.

Vista aérea

Vista aérea donde se aprecia el error del plano catastral.

Fachada Rey Heredia

Fachada de Rey Heredia.


jueves, 26 de noviembre de 2009

SOBRE EL PLANO DE CÓRDOBA DE 1851


Plano de 1851.

Repasando el plano de 1851, vemos que, en su parte inferior tiene el mismo, la siguiente leyenda:

“CORDOBA, Ciudad de las más antiguas de España, está situada en una deliciosa llanura que media entre las faldas de Sierra Morena y orilla del Guadalquivir; su clima es apacible y sereno, su cielo puro y alegre, y se halla a los 37º.52’ 30’’ de latitud Norte y a los 1º.5’30’’ de longitud oriental del meridiano que pasa por Madrid.

Su altura sobre el nivel del mar es de 282 varas y su circunferencia es 876g.

Para la administración de Justicia se divide en dos juzgados uno llamado de la derecha y otro de la izquierda. El primero abraza la parte que mira al E. contando dividida la Ciudad por una línea que partiendo de la Cruz de Rastro sigue por la calle de la Feria, Librerías, C/Escribanías y Carnicerías hasta terminar en la Puerta del Rincón: el 2º comprende la parte a O. de dicha línea.

Contiene esta población 512 calles y plazuelas, 4971 casas, 37793 habitantes, 13 parroquias, una Colegiata, 13 conventos de Religiosos y 13 conventos de Religiosas, 20 Hermitas (sic), 3 Santuarios, 6 Hospitales, 5 Colegios, y 12 Puertas de las cuales sólo la del Puente, Rincón y Nueva son de registro.

El plano de esta Ciudad fue formado en el año 1811 por el ingeniero de minas Barón de Kareminski y el de Puentes D. Joaquín Rillo; Reducido y reformado en el de 1851 por D. José Mª de Montis y Fernández comprobado por el arquitecto D. Pedro Nolasco Meléndez y aprobado por la Real Academia de San Fernando.

Está hecho a una escala de 500 varas castellanas e impreso en la imprenta BACHILLER, Litógrafo de Cámara, MADRID, Veneras nº 7, pral.”

A ambos lado del plano tiene los índices de calles. Para buscar una de ellas hace la siguiente:

“Advertencia: Para encontrar una Calle búsquese el cuadro que está en frente de las letras mayúsculas y minúsculas puestas al fin de cada nombre y en él se hallará el número de la calle a que corresponde.”

Está cuadriculado, en vertical letras mayúsculas, y en horizontal letras minúsculas, con la leyenda ejemplo: HOSPITALES Misericordia, Cm 1.

En sus lados verticales izquierdo y derecho está incluido el índice de calles separado por parroquias, al final del derecho señala los barrios de Tejares y Matadero, y a continuación debajo un índice de la ubicación de:

“Parroquias, Colegiata, Conventos de Religiosos, Conventos de Religiosas, Hermitas (sic), Santuarios, Hospitales, Colegios, Puertas de la Ciudad y Molinos.”

Como se podrá comprobar está todo basado en la Iglesia, no hace apenas referencia a edificios laicos, y sí, sin embargo, da una detallada y exhaustiva cita de los edificios religiosos, que vamos a enumerar:

“PARROQUIAS: Catedral, S. Pedro, S. Andrés, Compañía, S. Miguel, S. Juan, S. Nicolás de la Axerquía, Sta. María Magdalena, S. Lorenzo, Sta. Marina y Espíritu Santo.

San Nicolás de la Axerquia (desaparecida) Ribera c/Badanas. Sta. María Magdalena (desaparecida) Pza. de la Magdalena es una sala de conciertos.

COLEGIATAS: San Hipólito. (Pza. Ignacio de Loyola).

CONVENTOS DE RELIGIOSOS: S. Basilio, La Merced, La Trinidad, Padres de Gracia, S. Pablo, S. Francisco, S. Pedro Alcántara, Capuchinos, Madre de Dios, S. Agustín, El Carmen, S. Cayetano, S. Juan de Dios.”

De estos todos están ubicados en el mismo lugar que cita, salvo el de S. Juan de Dios que estaba en lo que hoy son los terrenos del Matadero Municipal, por tanto desaparecido también.

CONVENTOS DE RELIGIOSAS: Las Dueñas, El Cister, Encarnación, Concepción, Sta. María de Gracia, Corpus Cristi, Sta. Clara, Sta. Isabel, Capuchinas, Sta. Cruz, Jesús Crucificado, Sta. Marta, Sta. Ana.”

Las Dueñas (desaparecido) estaba ubicado en la Plaza del mismo nombre, que desapareció al construir ésta. Creo que existe un piso esa misma plaza donde reside una comunidad religiosa que ignoro si tiene algo que ver con el mismo, nos obstante lo podemos dar también por desaparecido. Concepción (desaparecido) estaba ubicado en la calle Concepción. Sta. María de Gracia, (desaparecido) queda sólo la portada en la calle a la que daba su nombre en la Plaza Juan Bernier. Corpus Cristi (desaparecido), es ahora la Fundación Antonio Gala. Sta. Clara (desaparecido), ahora lo ocupan unas dependencias municipales; Unidad de Turismo, Consorcio de Turismo, Museos, además de la denominación de Origen Montilla Moriles. El resto siguen ubicados en su lugar de origen aunque se les llame de otra manera en la actualidad. En el índice está equivocada la referencia de ubicación de Sta. Clara, dice Fj3 y debe decir Ff3.

ERMITAS: La Alegría(c/ Menéndez Pelayo), El Amparo (c/Amparo), La Aurora(c/ la Feria), Las Ánimas (Bajada del Puente), San Juan de Letrán (Pza. S. Juan de Letrán), S. José (Pza. Magdalena), Sta. Quiteria y S. Crispín (c/Judíos), Los Mártires (Puerta del Colodro), S. Zoilo (c/S. Zoilo), El Socorro (Arco Bajo), Belén (Torre de Belén, Alcázar Viejo), Buen Suceso(c/Buen Suceso), Consolación (c/ Armas esquina c/Tornillo), Candelaria (C/ Candelaria), S. Bartolomé el Viejo (c/Averroes esquina c/ Cardenal Salazar), San Bartolomé el Nuevo (Pza. San Bartolomé), Las Montañas (c/ Montero), La Concepción (Pza. Abades), Caballero de Gracia (C/ Encarnación), Jesús Nazareno (c/ Jesús Nazareno).

En el índice de las Ermitas, se han dejado atrás la de S. Sebastián que estaba ubicada pasando el Barrio de S. Antón, en lo que hoy es la esquina de la Avd. de Barcelona, por lo tanto desaparecida también.

El Amparo (desaparecida) es el solar de la calle del Amparo. La Aurora (desaparecida) en la calle de la Feria. Las Ánimas (desaparecida) en la bajada del Puente romano. S. Juan de Letrán (desaparecida) luego fue convertida en parroquia y desapareció lo mismo. Sta. Quiteria y S. Crispín (desaparecida) actual Sinagoga. Buen Suceso (desaparecida) C/ Buen suceso esquina a Ocaña. Candelaria (desaparecida), c/ Candelaria fundación de Bodegas Campos. S. Bartolomé el Nuevo (desaparecida), Pza. de S. Bartolomé. Las Montañas (desaparecida) c/ Montero. La Concepción (desaparecida) Pza. de Abades.

SANTUARIOS: San Rafael (Pza. de S. Rafael), La Salud, anexo al Cementerio del que toma su nombre. La Fuensanta (Pza. de la Fuensanta).

HOSPITALES: S. Juan de Dios (desaparecido) terrenos del actual Matadero Municipal. Misericordia (desaparecido) anexo al antiguo Manicomio. Jesús Nazareno (desaparecido) hoy residencia de ancianos. Los Dolores (desaparecido) hoy residencia de ancianos. San Jacinto (desaparecido) fue Maternidad y hoy es el Palacio de Congresos. Del Cardenal (desaparecido) antiguo Hospital de Agudos, hoy Facultad de Filosofía y Letras.

COLEGIOS: Sta. Victoria (c/ Sta. Victoria). La Piedad (Pza. de las Cañas), La Asunción (actual IES Góngora), San Pelagio (Seminario-Obispado) c/ Amador de los Ríos. Veterinaria (desaparecido) c/Encarnación Agustina.

Un paseo monumental, exclusivamente religioso, por una ciudad del siglo XIX, con 38000 habitantes que, a pesar de la desamortización de 1836 una enorme porción de su territorio continuaba -y continúa- en manos eclesiásticas, de alguna manera.


miércoles, 25 de noviembre de 2009

UNA INGENIOSA PUERTA DE COCHERA.



El ingenio de los humanos no tiene límites. En las situaciones más insospechadas lo pone en juego y trata de suplir otras carencias de manera favorable. Las normas también son superadas de forma que no se infrinjan, buscando resquicios que permitan conseguir el fin buscado, sin incumplirlas abiertamente o cuando menos dando un rodeo.

Hay una norma que impide autorizar una entrada de vehículos, cuando la calle donde se solicita, tiene menos de una anchura determinada. Cuando alguien vive en una calle estrecha, del ancho del vehículo, sabe que aún haciendo su cochera, difícilmente va a estacionar nadie delante de su puerta pues obstaculizaría la calle, por lo que hace su cochera y no pide el vado permanente, con lo que se ahorra un impuesto municipal. En otras ocasiones el problema sigue, pues aun a pesar de que nadie se le pueda poner delante de su puerta, no puede salir ni entrar por la necesidad del giro. Al ser la calle estrecha hay que suplir el giro ensanchando la puerta, convirtiéndola en un ancho zaguán abierto con el acceso a la vivienda incluido. Ignoramos las normas, en este caso arquitectónicas, que permitan o no semejante proyecto.

Nuestra curiosidad y porqué no, admiración simplemente por lo ingenioso, de la que no diremos la calle donde está, se refiere a un procedimiento de pared basculante, con dos ventanas y puerta incluida, que permite la entrada y salida a un ancho zaguán, en este caso cochera, de un vehículo cuando se vaya a emplear éste, o la puerta solamente cuando la entrada o salida sea peatonal. Reiteramos que no diremos la calle porque no somos policías contra ingenios y sobre todo por que desconocemos si infringe alguna normativa.

Sabemos quién tiene de muchos años, las placas de entrada y salida de carruajes falsas, hasta el extremo que han reparado las aceras y el propio municipio (en este caso la empresa de la reparación del acerado) le ha hecho el rebaje de la acera, es decir le han hecho el rebaje a una placa ilegal, sin comprobar este extremo por incompetencia o por excesiva competencia, al ser amigo el que determine que hay que hacer un rebaje, sin exigir la documentación pertinente.

También sabemos del incumplimiento sistemático de determinados conductores, aparcando encima de las aceras, en los pasos señalizados de peatones, en los carriles bici, delante de los rebajes para disminuidos, sin que sientan el peso de las normas y ley en muchos casos. Acostumbrados a que nos les ocurra nada, y al hablar de ocurrir nos referimos a que les duela el bolsillo, que es el único idioma que entiende el tunante. Pero esa no es la cuestión, aunque los hechos merecen inundar de fotografías de vehículos incumplidores en espera de que la autoridad cumpla con sus obligaciones.

La cuestión que nos ocupa es, lo ingenioso del procedimiento de introducir el coche en la cochera, en una calle estrecha, haciendo bascular toda la fachada que es de imitación. Como el que tuviese una grúa en la azotea, para subir el coche a la misma como si de una lancha de salvamento en un barco se tratara. Aunque seguro que todo tendrá que estar reglado en, cualquier página de cualquier norma, de las muchas que existen y que no se cumplen por la desidia generalizada que nos inunda.

EL CINE GÓNGORA.


Góngora en sus tiempos

Góngora en sus mejores tiempos. Al frente Santa Marta. A la Izquierda el edificio de correos. A continuación del cine el fotógrafo y el Bar Guerrero.

Cuando pasé la otra mañana por la calle Sevilla, desde la puerta del aparcamiento público de esta calle, vi las espaldas del Cine Góngora y parte de su antiguo escenario. Me llamó la atención la estructura que están montando en lo que fue esa tranquila y moderna terraza de su sala de verano. No me paré a pensarlo y hice unas fotos. Luego pensé, voy a ver la fachada principal, y lo fotografié también por Jesús María. Una enorme grúa estaba soportando la estructura metálica de la terraza.

El cine Góngora, tuvo que ser el día de su inauguración, el no va más en su tiempo. Los años 1929 y 32 fueron los de su construcción, pero el modernismo de su sala llamaba la atención, el color cobreado de las barandas de sus palcos, los espejos de sus paredes, el ambigú, escaleras y sala de espera. En él todo era moderno y lo fue hasta su cierre. Significativo hasta en el personal, que era femenino en casi su totalidad. Se construyó en el antiguo solar del Convento de Jesús y María, en un solar de unos mil metros, por el joven arquitecto madrileño, Luis Gutiérrez Soto, “Pichichi” para sus amigos, por su afición al futbol y sus habilidades en ese deporte, y joven porque terminó la carrera en 1923. Nació en 1900 y murió con 77 años en 1977. Fue premio en la bienal Hispanoamericana, y autor entre otras, del edifico del Ministerio del Aire; un palacio en Mallorca propiedad de D. Juan March; y el Club Puerta de Hierro de Madrid. Fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1956.

D. Alberto Villar Movellán, catedrático, dice de él y de su obra cordobesa:

"...dejó una obra singular en el tejido urbano del casco antiguo, el Cine Góngora, en la calle Jesús y María. Es una sala de espectáculos que en su fachada recoge el repertorio plástico característico de lo mediterráneo: arcos de medio punto, pérgolas, antepechos de retícula, etc... pero cuyo interior se expresa en términos de absoluta modernidad, con elementos ornamentales muy sobrios que tienen como función impeler la atención del espectador hacia la pantalla, que es la protagonista del espacio. Con el interior del cine Góngora penetramos en la esfera del racionalismo, que tuvo en Córdoba escasa consistencia".

Nuca se puede olvidar su terraza, a la que se accedía por dos cómodas escaleras y por dos amplios ascensores, de los primeros que se instalaron en esta ciudad. Además lo significativo del silencio de ésta, contrastando con el ruido de otras salas de verano, y sobre todo sus mecedoras en lugar de sillas. Allí de pipas de girasol nada de nada, por lo que tampoco se oía el clic clic de su apertura. La nota discordante, la luminosidad de los anuncios de la Tendillas (Entonces Plaza de José Antonio) que molestaban a la pantalla, y que se solucionó en parte, poniendo una celosía azul, que se engalanó con plantas trepadoras y jazmines, para paliar la molestia de la luz de los anuncios. Luego otro incentivo más, el aroma. Y sus taquillas y taquilleras, que formaban parte del conjunto por la duración de las mismas en el empleo. Su empresario merece una entrada aparte, el Sr. Ramos que falleció en 1972 con sesenta y siete años, a consecuencia de una caída a la salida del cine. ABC lo reflejaba así:


 Necrologica Ramos


Siendo a partir de entonces y hasta 1997, año en el que se cerró definitivamente, Sánchez Ramade el empresario que lo gestionó. Y su nombre no podía estar mejor buscado, Góngora, homenajeando así al paisano que también fue semilla de la generación del 27, en los actos de la conmemoración de los trescientos años de su muerte.

Esperemos que las nuevas generaciones puedan disfrutar del remozamiento del Cine Góngora, que nos deleitaba a las antiguas con esos excelentes reclamos publicitarios, salidos de artísticas manos, que eran sus carteleras pintadas a mano y que colgaban de su fachada, y que luego conservábamos coleccionándolos en los folletos de mano. Y sobre todo que las antiguas generaciones que hemos disfrutado de él podamos verlo acabado, ya que permítannos dudarlo, ojalá no ocurra como con el Palacio del Sur, aunque en esta ciudad no es nuevo esto; la obra del Murallón, el Teatro al Aire Libre, etc. etc.


Exterior Góngora

Fachada actual en reparación.


Interior Góngora

Interior de la sala en obras.


 Interior Góngora

Interior de la sala en obras.


 Trasera Góngora

Parte trasera con la estructura de la terraza.


 Grua 1

Grúa en Jesús María.


 Grua 2

Grúa en Jesús María.


 Sala

Vista de la Sala (Fotografía de Patricia Cachinero D. Córdoba).


 Palcos

Vista de los palcos (Fotografía de Patricia Cachinero D. Córdoba).

Enlaces a noticias de prensa local:
http://www.eldiadecordoba.es/article/cordoba/209489/teatro/gongora/tendra/una/segunda/sala/la/azotea.html
http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=489556
http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=489554
http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1972/05/24/050.html

martes, 24 de noviembre de 2009

EL CONVENTO DE NTRA. SRA. DE LA VICTORIA (II)

Virgen de la Victoria

Virgen de la Victoria

Esta segunda entrada sobre el Convento surge como consecuencia de que, una compañera virtual, Saqunda, muy profesional en la materia, nos ha facilitado el acceso unas imágenes y fichas de las mismas, procedentes de la Web del Museo Arqueologico y Etnologico Provincial de Córdoba, que nos aportan más datos a la entrada del Convento de la Victoria, que creemos la enriquece.

La imagen en cuestión, es una escultura de la Virgen de la Victoria que estaba en una hornacina en la entrada del Convento. La otra pieza es un escudo Heráldico de la Orden de Mínimos que también estaba en el mismo lugar.

En la fichas del Museo extraídas de la página Web del mismo, nos dan los detalles técnicos de ambas piezas.

Empezaremos por la escultura de la Virgen de la Victoria, según la ficha técnica. Está datada en 1510 y su estilo es manierista. Es una escultura de 133 cm. de altura por 95 cm de anchura. Dice estar realizado en tres sillares superpuestos y esculpidos, con acabado de policromía. Se da la circunstancia que como estaba en una hornacina, la parte posterior está sin labrar. La figura está sentada en un pedestal cúbico. Está vestida con una camisa o túnica y con un manto encima. Está girada a la derecha y la mirada la dirige a la izquierda, ligeramente caída. En los brazos sostiene la figura de un niño por su cadera, estos están en actitud un poco forzada. La figura de la imagen conserva parte de la policromía del rostro, las pupilas, y parte del cabello que es de color castaño y la camisa roja. La parte inferior de la túnica azul y restos dorados y, encima de estos verde. El niño sólo conserva parte de la encarnadura. En el pedestal hay restos de color rojo.

Su procedencia siempre según la ficha, es del Convento de la Victoria, que estaba en el campo del mismo nombre (actual Paseo de la Victoria), junto a la Huerta "La Camila". Parte de los terrenos que ocupó el Convento se calificaron en 1947 para la construcción del edificio del Instituto Provincial de Higiene. Éste es el actual edificio de Sanidad en la Avda. de la República Argentina.

“Según D. Samuel de los Santos, antiguo director del Museo, está pintada al agua cola sin imprimación más que en la cara y por haber estado en un patio al aire libre perdió todo su color.”

“Según consta en la documentación existente en el Museo, fue adquirida por acuerdo del 26 de mayo de 1866 en virtud del cual el Cabildo Municipal la entregó al Museo Arqueológico de la Comisión de Monumentos, en propiedad, al ser demolido el convento, por considerarla de interés artístico y arqueológico.”


Escudo heráldico de la Orden de Mínimos

Escudo heráldico de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula.


La siguiente pieza y según los datos de la ficha del Museo es: un escudo heráldico de arenisca, de 74 cm. de altura por 74 cm de anchura, en forma oval que representa el de la Orden de Mínimos de San Francisco de Paula (última Orden religiosa propietaria del Convento de la Victoria). Su construcción lo fue en relieve sobre un frontal de un sillar en forma de clave de arco. La erosión sufrida por el tiempo le ha hecho perder detalles.

“Siguiendo la descripción de D. Samuel de los Santos, presenta dos angelotes o querubines de medio cuerpo con la parte inferior figurada con roleos de follaje y alados a modo de sostenes. Sobre su cabeza sostienen una corona ducal con perlas y florones. Tras esta corona ondea una cinta en la que se lee la inscripción MILITIA NOSTRA. El campo del escudo presenta bordura. En el centro del campo se dispone una cruz latina y a sus lados los monogramas de Jesús y María. Bajo la cruz hay un sol inflamado con el monograma HNS y la mano de Dios entre nubes.”

Se considera también que debió formar parte de la portada o fachada principal del Convento. Su adquirió por el museo es en la misma que la de la virgen de la Victoria citada anteriormente.

Bibliografía y fotografías de la Web del Museo Arqueológico y Etnológico Provincial de Córdoba. Según aporte de Saqunda.

EL "REÑIERO" DE GALLOS.


Gallos de pelea
Una pelea de gallos

De entre las muchas cosas que había en esta ciudad, estaba una que de niño me resultó muy significativa, y que estuvo vigente hasta la mitad de los cincuenta creo. El “Reñiero" de Gallos. Un lugar a la entrada de la Plaza de Capuchinos en una casa cuya fachada hacía un pequeño escalón. En ella existía una especie de pequeño coso o ruedo similar a una de toros, con gradas a su alrededor, dónde se celebraban las peleas de gallos. Mi padre me decía que los gallos eran ingleses, me imagino que habrá muchos cruces de razas. Allí corrían muchas apuestas, algunas considerables. Los luchadores, estaban mimados por sus cuidadores, con los artefactos de matar que eran sus espolones, cubiertos por una funda, en espera de la lucha en sus jaulas. Recuerdo también un pequeño botiquín de urgencia.

Mis recuerdos eran trágicos, el público de la primera fila se ponía unas batas, que les protegía de la sangre de la pelea, sangre que les podía salpicar, y de hecho así ocurría. Asientos de hule. Mucho jaleo, voces y apuestas. Cada pelea tenía un ritual de calentar a los animales enfrentándolos primeramente en manos de los entrenadores, para luego soltarlos y dejarlos solos en el “ruedo”. Los ataques eran brutales, muchos perdían los ojos, y lo más frecuente la vida. Saltaban en el aire y allí se daban el espolonazo. Cuando el perdedor "cantaba la gallina", significaba la rendición, el tirar la toalla, y no digamos cuando quedaba en el suelo muerto. El gallo de pelea es un animal que no para de luchar, a no ser que se rinda el contrario, o lo maten, es un animal tremendamente fiero.


 Casa donde estaba
Casa dónde ubico el Reñidero, a la entrada de la Plaza de Capuchinos desde Torres Cabrera.

Posteriormente reformaron esa casa, la hicieron nueva y desapareció el “Reñiero”. No puedo precisar exactamente la fecha. He preguntado a Pepi que fue durante muchos años dependienta de la confitería La Purísima, de exquisitas tortas y me dio unas fechas también aproximadas.

Teodomiro Ramírez de Arellano cita que, en la calle Siete Revueltas, estaba el más antiguo Reñidero de gallos de Córdoba:

“En el segundo ángulo hay una barrera, y en una de sus casas aún existe el reñidero de gallos más antiguo de esta ciudad”.

Con esto de las riñas de gallos me acuerdo del chiste:

-¿Oiga Sr. voy a apostar, que gallo es el más bueno de los dos? –preguntó un espectador a otro.

-¿El más bueno? El blanco. –le contestó el otro.

-Gracias. –continuó dirigiéndose al receptor de las apuestas- Cinco mil duros al blanco.

Se inicia la pelea y en unos segundos el gallo negro le clava el espolón al blanco, y queda éste muerto en el pequeño ruedo, dentro de un charco de sangre.

-¡Oiga Sr. no me dijo que el blanco era el más bueno! –le inquirió el apostador al espectador que le había recomendado apostar al gallo blanco.

-¿Bueno? ¡Buenísimo! No ha visto usted que se ha estado quieto y el negro lo ha matado. -le contestó.

Seguro que alguno tiene recuerdos de esa actividad mucho más amplios que los que se plasman aquí. Estos son los míos.



 Reñidero de gallos
Un típico Reñidero de Gallos.

domingo, 22 de noviembre de 2009

LA COJA DEL PIANILLO Y ALGUNOS DE SUS CONTEMPORÁNEOS.


La Coja con el pianillo y su marido, en una actuación, delante de la Virgen de los Faroles en la calle Cardenal Herrero.

Cualquier recuerdo, fotografía, etc. genera el despertar de una serie de detalles que están conexionados entre sí, y se ramifican como si de un árbol genealógico, o enredadera se tratara, al final muchas ramas vuelven a unirse en otro lugar.

Hoy, viendo en Cordobapedia una fotografía de Montiel, bastante deteriorada, pero que nos permite ver lo que nos interesa, surgen una serie de historias alrededor que puede que, en principio parezcan inconexas, pero no es así. La fotografía en cuestión, punto de partida, es la del “Pianillo de la Coja”. Es del año 62. Están parados delante de la Virgen de los Faroles, frente a la Farmacia de la Virgen de los Faroles, de D. Agustín García Solano, el cual junto con D. Antonio Moyano, -hermano de Rafael (Rafalito de la taberna “La Mezquita”, la de los boquerones en vinagre), y de Manuel propietario de una zapatería en aquel tiempo, tienda de souvenirs ahora, que afortunadamente aún vive y bastante lúcido-, director y propietario del Colegio San Eulogio, que estaba frente a la Puerta del Perdón, fueron los impulsores de la Verbena de la Mezquita, coincidente con la del Alcázar Viejo, de la Virgen de Acá. Los niños del Colegio San Eulogio, hacían unos trabajos con papel de seda, que consistían en unas flores agujereadas con alfileres, para darles una textura especial, con las que se forraba la fachada de la virgen.

En la calle Cardenal Herrero se instalaban casetas de todo tipo; de venta de productos de feria, caballitos de cartón –el abuelo de un amigo que vivía en la calle Siete Revueltas, fabricaba esos caballitos de cartón y tuve ocasión de ver el proceso de fabricación-, campanitas, y otros. Yo mantengo de siempre, que las campanitas de barro se empezaron a vender en la Verbena del barrio de la Mezquita, puede ser un chovinismo de barrio, pero lo sostengo. Así como los higos chumbos, agosto es desde luego la época. Colocaban unas norias, pequeñas, que tenían una música característica. El sonido quedó, para compararlo con otros como “música de noria”, era un platillo y un bombo que sonaba “Chin, chin, pum, chin, chin, pum”, esa era toda la melodía. Barquillas, que cuando el “quíes” de turno subía muy alto, el encargado le daba “tableta”, es decir le metía el freno, que consistía en un tablón que rozaba en la quilla de la barca y se le acababa el presumir.

En la calle Torrijos, más tenderetes y, en el ensanche que formaba el Palacio del Obispo y la lonja de la Mezquita, montaban el escenario donde recuerdo haber visto actuar a Emilio el Moro y su compañía. Ya ven, en un momento el pianillo de la Coja, la verbena de agosto de la Mezquita… que Paco Gallego, desde la Federación de Peñas volvió a resucitar muchos años después. Es imposible, siempre surge otra ramificación del recuerdo. Otro día hablaremos de Paco Gallego, que se merece una entrada especial. Los hermanos Moyano, una institución en el barrio, D. Agustín García Solano de la farmacia de la Virgen de los Faroles, Emilio el Moro, etc.

Pero sigamos con la Coja del Pianillo. Su acompañante era su marido, o eso suponíamos, delgado, pequeño, callado, al que trataba ella con bastante genio muchas veces. En el álbum de recuerdos de Conchi los tiene siempre discutiendo, y era verdad, le metía unas broncas impresionantes, y el hombre callaba, hoy se podía haber acusado a "La Coja"de, mobing, acoso, violencia de género al contrario…, luego contrataron a un vejete que, a la misma vez que le daba al manubrio, con una varita tocaba entre los radios de la rueda un repiqueteo, que marcaba el compás, bien de agua Azucarillos y Aguardiente, un tango de Gardel, o un cuplé de Lilian de Celis.

La coja del pianillo en Cardenal Herrero.

Era singularísima, inconfundible, no sólo por la pata de palo, sino por el conjunto. Morena -en los últimos años canosa-, con moño y jazmines en temporada. Normalmente bien vestida y limpia. Creo que era la pierna izquierda la que le faltaba. La muleta de madera, con un apoyo de trapo o gutapercha basto, amarrado para soportar el roce en la axila, que dominaba perfectamente al moverse. La muleta describía casi un perfecto círculo al avanzar, mientras se sostenía en la pierna buena, y en la otra mano llevaba el platillo en el que hacía saltar las monedas incitando el respetable a soltar alguna, después de la actuación musical. Las piezas musicales las cambiaban con un juego de palancas delante del pianillo.

En cierta ocasión con motivo de la desbandada de un toro –el ganado pasaba por el puente en manadas y más de una vez se desmandó alguno con el natural susto. Concretamente Conchi, de niña, camino del cementerio, con su tía Magdalena, tuvieron que correr por la desbandada de uno a la altura del matadero- y según cita el diario Córdoba, coincidió con el pianillo, la Coja, dando muestras de una preparación física sin precedentes corrió que se las pelaba, y parece ser que el borriquillo se llevó la peor parte. Desde entonces el dicho: “Que corres más que la Coja del pianillo”.

Al terminar la actuación saltaba, apoyándose en la muleta, al varal, recogía la muleta en horizontal y a otro lugar, normalmente a las cafeterías del centro de la ciudad. No hemos hablado de borriquillo, tremendamente cumplidor con su faena, sin protestar nunca, adornado con cascabeles que sonaban al andar y madroñeras. Detrás su marido o el tercero en discordia, el vejete contratado. No sé qué pasó con ellos, si el marido murió, si la contratación del tercero fue una necesidad por ello, no lo sé. No se dónde encerraban el pianillo, si cruzaban el puente para el Campo de la Verdad o se quedaban en Córdoba, como se llamaba a este lado del río en ese tiempo. El pianillo acabó en la cuadra del Palacio de Viana.

Lo cierto es que les salió competencia, de menos categoría estética y musical desde luego. El “largo y el bajito”. Unos peculiares personajes, a mi modo de ver, Rafael y Ángel "mozart" y "Chaikosky". El “largo” era un “malange”, vamos un “esaborío”, encorvado quizá por su altura, el otro no hablaba y también tenían estos sus broncas empresariales. Era una pareja al uso, como Bud Abott y Lou Costello, o Stan Laurel y Oliver Hardy, pero sin kilos de más por el hambre de la época.

A propósito del “largo”, se da la curiosa circunstancia que la primera vez que yo fui a Sevilla –no se me olvida-, la visita tuvo lugar en el año 62. El motivo de la misma fue ir a Repuestos San Roque, sita en la calle del mismo nombre, a comprar material para las bicicletas de carreras que teníamos. Hicimos el viaje en el Ferrobús. El grupo lo configurábamos; Germán Ramírez; José del Olmo; Juanito –los tres de Cañero-, y el que suscribe. Todos aficionados al ciclismo. Juanito un excelente ciclista y mejor persona –después se marchó a trabajar a Holanda-, vivía en la primera casa de Cañero entrando por la calle principal, en la calle Poeta Antonio Arévalo, creo que el número 15, pues bien esa casa fue la que visitó, cuando se inauguró el barrio, el General Franco, de ahí el chiste:

Durante la visita, le decía el inquilino al General.

-Pase Don Claudio, miré la cocina. –señalando la “cocinita”.

-Don Claudio, este es el patio, mire las gitanillas y geranios de mi mujer –desde la puerta del patio.

-Don Claudio este es el dormitorio principal. –abriendo la puerta.

Entonces, a la salida, el General le preguntó:

–¿Oiga porque me llama D, Claudio?

Le contesto el vecino:

-Porque no tengo confianza suficiente con usted, para llamarle “Claudillo”.

Al bajarnos del ferrocarril en la Estación Plaza de Armas, entramos en la calle frente a la salida que se llama de Pedro del Toro, y a la primera persona que vimos en Sevilla que venía por esa calle, era ¡¡El largo del pianillo!! ¡Habéis visto! ¿Dónde irá este tipo por aquí? Dijimos todos.

Bueno, a partir del pianillo de la Coja, un recorrido por los cincuenta y sesenta. Una mezcla de situaciones y personajes entrelazados neuronalmente, en las casi agotadas del que suscribe, que sigue diciendo que “nada es como es, sino como se recuerda”.

 Pianillo de la Coja en el Palacio de Viana
El pianillo de la Coja, en las cuadras del Palacio de Viana.

La competencia encerraban en la Posada de Vencesguerra, frente a la actual Bodegas Campos. Donde en principio de siglo XX fue asesinada la “Tizná” y su amante. Posada que lleva el nombre del Caño Vencesguerra, que también merece una entrada exclusiva, para fijar el nombre desvirtuado; Venci guerra, Vicente Guerra, Vencesguerra. Miguel de Cervantes lo cita en una de sus novelas, porque parece que sirvió para entrar a la ciudad por ahí en la invasión cristiana, y la causa de muchas inundaciones, y antes, dicen, mucho antes, una cloaca romana.

 Solar de la antigua Posada de Vencesguerra
Solar de la antigua posada de Vencesguerra en la calle Lineros, ahora es un bloque de pisos.

El pianillo de esta gente se comenta que lo compró Canal Sur. Es posible, pero no deja de ser un rumor.

Fotografía de la portada de Montiel, la de la calle Cardenal Herrero facilitada por Tere Navas, la del solar de P.Sánchez Moreno (Córdoba), la última del autor.

sábado, 21 de noviembre de 2009

UNA MONJA PRESIDENTE.



En una entidad cordobesa, de cuyo nombre no procede acordarse, se decidió en una reunión de directiva, hacer una galería pictórica de óleos de todos sus presidentes. Se poseía una fotografía o un grabado de todos, menos de uno. Éste fue soltero, ya había fallecido y no se tenían de él nada más que referencias en la memoria de algunos directivos de avanzada edad. El problema se presentaba algo irresoluble. Pero he aquí que en las situaciones de dificultad, o de hambre –pero no era esta última- un inteligente directivo que no pasaba por ello desde luego, dijo:

-D. Fulano de Tal tenía, creo, una hermana monja, podríamos preguntarle si tiene alguna fotografía de su hermano.

-¡Buena idea! –apuntó el Presidente- Encárguese Vd. mismo Martínez, por favor.

Martínez hizo diligentemente las gestiones oportunas en el convento, y se entrevistó con Sor María de la Concepción. Pero ella no tenía ninguna fotografía de su hermano, le dijo bajito, como se supone hablan las monjas y, con esa cadencia espiritual de voz de que están dotadas.

Nuevamente otra reunión de directiva. Martínez expuso el resultado de su gestión.

-¿Bueno y ahora que hacemos? -dijo el Presidente- estamos como al principio. Al final se nos quedará la galería coja, verás.

-¡Un momento! Se me ocurre otra idea –eso no era posible Martínez en tan corto espacio de tiempo manifestaba dos ideas, pensaron la mayoría.

-¡Diga usted Martínez! –le preguntó el presidente denotando una gran curiosidad.

-Pues Sr. Presidente y señores directivos, pienso que le podemos pedir una fotografía suya, pues nadie mejor que ella se parecerá a su hermano. –expuso.

-¡Pero hombre Martínez! –Dijo otro directivo, cuya calidad intelectual no se le suponía, como el valor al militar- ¿usted cree qué las monjas se hacen fotografías?

-Y por qué no Peláez. –interrumpió el Presidente- Estimo Martínez que debe de ir nuevamente al convento, y como ya conoce a Sor María de la Concepción, le pide una fotografía suya, pero para evitar un nuevo viaje se lleva una maquina fotográfica o le acompaña un fotógrafo y le hacen una a la monja, en el supuesto que no tenga ninguna. –sentenció.

Así hizo el diligente y ocurrente vocal. Se presentó en el convento, le expuso nuevamente la dificultad de que no pudiera haber cuadro de su hermano, por no tener una fotografía de él, y le pidió una suya a la monja, que tampoco tenía –no porque las monjas no se hagan fotos, que se las hacen, sino porque no tenía verdaderamente ninguna- sacó la máquina y le hizo un par de instantáneas. No sin antes poner alguna pega Sor María.

Revelado de los documentos gráficos –no existía la fotografía digital-, nueva reunión del gabinete de crisis galería pictórica, y nuevas directrices a la directiva:

-Bueno Sres. –dijo el Presidente- Con estos documentos, nuestra memoria, y el arte de Pepito López, vamos a tratar de aproximarnos lo más posible al parecido de D. Fulano de Tal, que en gloria esté.

Pepito López, que era un artista, se puso manos a la obra y, a pesar de sus grandes dotes, no podía despegar del parecido de la fotografía, pues con los bocetos no estaban conformes ninguno de los directivos, siempre el mayor parecido acababa en el de su hermana. Y eso que Pepito López, dotó al boceto de elementos masculinos, entendiendo estos como traje, corbata, corte de pelo, etc.

Otra vez Martínez:

-¡Un momento! –dijo alzando la voz, asemejándose su expresión al ¡Eureka! de Arquímedes. Se miraron todos, como diciendo, que le pasaba a Martínez, eso no era normal, dos o tres ideas en el mismo mes- Falta lo elemental. –continuó.

-¿Lo elemental? -dijeron varios.

-¡Si, lo elemental, el bigote! –era verdad el bigote era un rasgo significativo, por no decir el que más, de la cara de D. Fulano de Tal.

-¡Pues, manos a la obra Pepito! –ordenó al artista el Presidente.

Toda la Junta esperaba que, el pintor después de parsimoniosamente hacer una mezcla de color en la paleta, pintara el bigote en la cara de Sor María de la Concepción.

El artista dotó de un bigote a la monja, que hizo exclamar a todos.

– ¡Ahora sí, eso es! ¡No puede parecerse más!

Una vez completada la galería, era ésta un motivo de presumir cuando venía alguna visita al club. El Presidente o el directivo de turno cuando la enseñaban decían:

- Aquí D. Menganito; D. Zutanito y… -al llegar a D. Fulano de Tal, decían- una monja con bigote.

-¿Una monja con bigote?, vamos no sea usted bromista. –contestaba casi siempre el invitado, y seguían con la visita.

Es así como una persona entregada a la oración y a Dios, ejerció la presidencia en una de las entidades sociales más importantes de la ciudad.

¡Si cuando dicen que los caminos del Señor son infinitos…!

Según anécdota de M. Salcedo Hierro.

viernes, 20 de noviembre de 2009

ASESINATO DE “LA TIZNÁ” Y SU AMANTE, EN LA POSADA VENCESGUERRA.



Antonio Santos Alcaide era un verdadero “prenda”, tenía multitud de antecedentes por agresiones y robos de toda índole. Mantenía relaciones con Josefa Torralbo “La Tizná”, prostituta
habitual, cuyo apodo parece ser que le venía por un “antojo” que tenía en forma de mancha. La pareja vivió primero en la calle de la Carne, y luego en la de Mucho Trigo, 25. El individuo era el clásico chulo, que en el fondo la explotaba ejerciendo ella el oficio más antiguo del mundo. En el año 1911 tenían un capital de doce duros (sesenta de las antiguas pesetas).

En su círculo de “honorables” amistades, tenían una que era José Antonio Soto Molina “El Luquilla”, que tenía mucho ascendente con Josefa. Tantas veces fue el cántaro a la fuente… que un día decidieron huir juntos. Josefa se llevó todo el capital y sus cosas y se marchó con José Antonio. Antonio Santos cuando llegó a la casa y se enteró de lo ocurrido por la vecindad, montó en cólera y juró acabar con ella. Lo que le dolía según dijo, no era el amancebamiento de su amigo con su compañera, sino el robo, pues comentó que a él no le robaba nadie. La pareja estuvo viviendo en Villaviciosa, lejos de la capital. Pasado un tiempo tuvieron que hacer una gestión en Córdoba y volvieron, se hospedaron en la Posada Vencesguerra, que estaba en la actual calle Lineros (antigua Emilio Castelar), se inscribieron con nombres falsos, en el ánimo de protegerse, pero habían sido vistos por Manolito “Corrientes”, amigo de Santos, el cual se lo comentó, aunque no podía precisar donde estaban alojados.

A Antonio Santos, aquello le hizo peregrinar por diversas tabernas preguntando por ellos. En su búsqueda, con una media borrachera ya, llegó a la citada posada de Vencesguerra y preguntó por la pareja al portero, éste no tuvo ocasión de contestarle, en ese mismo momento sonó un golpe de tos y una voz en la planta alta, que Santos reconoció como de su amigo “El Luquilla”. Subió a grandes zancadas la escalera y derribó la puerta de la habitación, entrando en ella donde los encontró encamados. Sin pensarlo dos veces disparó cuatro veces un revólver casi a quemarropa. José Antonio “El Luquilla” recibió un impacto de bala en el cuello que le seccionó la médula, muriendo en el acto. Josefa en este primer envite tuvo suerte, un disparó le penetro en el pulmón por el pecho. Posiblemente se hubiese salvado de esta herida, pero Santos sacando una navaja de muelles, la apuñaló varias veces en el abdomen, heridas que le causaron la muerte. Los otros dos disparos no hicieron blanco. Los cuerpos fueron trasladados para su autopsia al cementerio de la Salud.

El criminal salió corriendo, por la calle Consolación buscando la Ribera, la que recorrió para por la puerta del Puente entrar en la calle Torrijos, no sin antes haber arrojado la navaja y el revólver al río. Luego entró en la casa número 2, de Medina y Corella, donde trabajaba su madre de criada, en el ánimo de pedirle dinero y marcharse de la ciudad. El propietario de la casa donde trabajaba su madre le aconsejó que se entregara, cosa que no fue necesaria porque en ese momento dos municipales que lo habían seguido lo detuvieron.

En la obra “El Bandolerismo Andaluz”, de B. Quirós, conocido criminalista, se refleja la descripción de la asesinada, por el citado autor, de una forma barroca y floreada, si cabe hablar de flores en esto: “…sobre la mesa de disección del depósito, el montón de carne lasciva de la pecadora, en plena inercia, muestra bajo el seno izquierdo una gran herida abierta de donde la sangre, seca en sus fuentes, se coagula en una madeja de hilos tortuosos adaptados al moldeado de los músculos…”. Vamos que D. Constancio Bernaldo Quirós se quedó descansando, porque el esfuerzo considerable que le supuso la descripción seguro lo cansó en extremo.

A finales de marzo de 1913 fue juzgado Antonio Santos Alcaide, por el Magistrado Sr. Summers, actuando en nombre del Ministerio Público el fiscal Sr. Restituto Fernández y como abogado defensor D. Antonio de la Iglesia. El fallo (profesionalmente descrito por los Sres. D. José Cruz y D. Antonio Puebla, coautores de la “Crónica Negra en Córdoba”) fue de dos cadenas perpetuas.

Le defensa entendió que lo acaecido era constitutivo de dos delitos de homicidio, con la eximente de enajenación mental transitoria por el alto grado de embriaguez que tenía el autor de los hechos, por lo que solicitó la absolución. Además se dio la curiosidad que había realizado una pregunta que figura en el sumario, y que convertía a los agredidos en agresores. La pregunta, más o menos fue: ¿Es culpable José Antonio Santos de haber mantenido en sus manos el revólver y la navaja con la que le amenazaron los fallecidos, después de habérselos quitado y usado en su contra? Aquello no se mantenía en absoluto por lo que no fue tenido en cuenta. Sí sin embargo lo fue la atenuante de embriaguez, cuestión que obligó al fiscal a modificar la pena de muerte solicitada, por la de dos de cadena perpetua.

En conclusión fue un hecho que conmocionó a la Córdoba de la segunda década del siglo XX, cuando Antonio Santos Alcaide, de treinta y siete años de edad, fue condenado a dos penas de cadena perpetua, por asesinato. Y que por culpa del tabaco y uno de sus síntomas principales, la tos, llevó al otro barrio a José Antonio Soto “El Luquilla” y por extensión a Josefa Torralbo "La Tizná”, que yacía con él en una habitación del primer piso de la posada Vencesguerra.

jueves, 19 de noviembre de 2009

DOÑA ELVIRA DE BAÑUELOS.




¿Era una Julieta cordobesa? ¿Fue una leyenda de su tiempo? ¿Fue tan firme su amor? Lo cierto es que se menciona a Doña Elvira de Bañuelos en bastantes textos, pero ya dijimos en otro lugar, el carácter de verdad que adquieren las repeticiones de las mentiras o leyendas. Lo que sí fue cierta, es su pertenencia como novicia al Convento de Santa Inés.

Su historia o leyenda, varía muy poco de las historias de amor habituales, la plantilla es la misma. Una joven adinerada -en este caso-, enamorada de un casi pobre, que su familia la quiere casar con uno rico y ella no quiere. Ante la firme negativa, la familia -sus hermanos-, deciden enterrarla en vida en un Convento. Ella, fiel a su amor sigue en contacto con su amado, y éste, no ceja en su empeño en sacarla de ese enclaustramiento, para vivir juntos su vida. Los hermanos se enteran y surge el desenlace, que no puede ser de otra manera que trágico.

La historia o la leyenda.

Doña Elvira era una hermosa joven, de la familia de los Bañuelos. Era la clásica joven casadera apetecida por los galanes de la ciudad, pero ella sólo tenía ojos para Don Juan de Vargas, apuesto joven de familia cordobesa venida a menos, que por diversas causas, incluida la de un pleito familiar, habían visto como su nivel de renta estaba por los suelos.

Don Fernando de Bañuelos hermano mayor de Doña Elvira, tenía incluso apalabrado el casamiento de Doña Elvira con Don Pedro Fajardo. De los opulentos y ricos Fajardo. Bastante mayor que Doña Elvira, pero con unas rentas que le venían muy bien a la familia Bañuelos para sacarlos del bache en el que estaban. Don Pedro, había en alguna ocasión contactado con ella en visita a su casa, por lo que ella tenía claro lo que no quería.

Las negativas de Elvira a desposarse con el Fajardo, hicieron entrar a los hermanos en una dinámica para obligarla:

–¡O te casas con Don Pedro o te enclaustramos en un Convento! ¡Tú verás! -le amenazó Don Fernando.

-Haced lo queráis, pero no me casaré si no es con Don Juan. –le contestó Elvira sin importarle las amenazas.

Evidentemente la posición de la dama era firme, y por tanto se decidió el ingreso en el Convento de Santa Inés, previo acuerdo con la Superiora del mismo. Las campanas de la espadaña del Convento, en la mañana de un mes de enero frío, tocaron el ingreso en la orden de una nueva novicia. El barrio, conocedor de lo que ocurría, a pesar del frío y lluvia fue testigo de la entrada de Doña Elvira en el claustro, engalanada como su posición social lo permitía. La escena era conmovedora, el llanto de Doña Elvira inundaba la situación, que de por sí era tensa. Sus hermanos presentes en el acto, una vez terminado, saludaron a la Superiora para despedirse. De nuevo, insistieron a su hermana al oído, antes de irse, si estaba dispuesta a casarse con el Fajardo, en cuyo caso, se irían todos de allí al momento. Doña Elvira firme, volvió a decir no, la respuesta no fue en tono bajo como la pregunta de sus hermanos, esa si la oyó la concurrencia. La última negativa significó el cierre definitivo de las puertas de la clausura, tras su entrada.

Transcurrieron unos días. La estancia era complicada y la tristeza hacía mella en la joven. El régimen de vida, distinto a las comodidades de su casa, era muy duro. Don Juan conocía todo cuanto ocurría por medio del sacristán, que era un viejo aprovechado. Éste le hizo llegar una carta de su amado, en la que planeaba la fuga, por un lugar y día determinado, donde la esperaría él con un coche de caballos, que dejaría esperando en la plaza de la Magdalena por lo estrecho de las callejas.

Un amigo de Don Juan, que le debía favores a los Bañuelos, puso en conocimiento de Don Fernando lo planeado. El día prefijado, los hermanos Bañuelos se apostaron en los callejones a esperar a Don Juan. Después de un duro lance, en el que uno de ellos resulto herido de no gravedad, lo acuchillaron mortalmente. En ese mismo momento, por un postigo que daba a una calleja sin salida, salió Doña Elvira con el sacristán que le abrió, sus hermanos la cogieron y trasladaron, evitando que gritara, a una casa que tenían en la Ribera. Allí los mentideros decían que la habían ahorcado de una viga. Otros que, en un descuido, ella se había suicidado, al dejarla sola en un cuarto. Lo cierto es que el desenlace, forma parte de la leyenda.

Llevaron el cuerpo de su hermana muerta nuevamente al Convento y, a base de arreglos económicos consiguieron que se celebrasen las exequias como si de muerte natural hubiera sido su fallecimiento. Una vez finalizó el sepelio, llevaron el cadáver a su casa del centro de la ciudad, y fue sepultada en el enterramiento familiar de San Miguel.

¿Verdad? ¿Leyenda? ¿Murió en el convento cuando llegó su hora, sepultada en vida tras los muros? ¿Fue un suicidio? ¿La historia fue así o forma parte de la interpretación de quien hoy la cuenta? Todo es posible, lo cierto es que Doña Elvira de Bañuelos ingreso en el Convento un frío día de enero y de allí salió muerta para su entierro en San Miguel. Las escenas intermedias, sólo las conocerán sus actores.

De todas formas, ¿por qué nuestra ciudad no puede tener, como Teruel, Verona, y otras, unos amantes de categoría?


miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL CONVENTO DE SANTA INÉS.


ruinas 1
Una vista actual de las ruinas.

Estaba este Convento en las callejas de Santa Inés, que se inician en la antigua Plazuela de los Huevos, pequeño ensanche que hacen las callejas –hoy su comienzo-, en el cruce formado por Duque de la Victoria, Diego Méndez y Encarnación Agustina.

A estas callejas le dio su nombre el Convento de monjas franciscanas, que refundaron las hermanas Doña Leonor y Doña Beatriz Gutiérrez de la Membrilla, que profesaban en Santa Clara y que, en el año 1475, se salieron de allí para ocuparlo, que primero como habitualmente pasaba, fue beaterio. Antes, en 1471, Doña Leonor Fernández de Mesa, viuda de Don Alfonso Fernández de Mesa, lo había puesto en marcha, en unas casas propiedad de D. Juan Ruiz, pero como no despegaba por la economía, se tuvieron que trasladar las religiosas al de la Santa Cruz, abandonándolo. Luego una bula de Sixto IV permitió la refundación mencionada al principio. El terreno que ocupaba el convento era bastante grande, sin embargo la Iglesia era de reducidas dimensiones o medianas, Altar mayor y enfrente coro alto y bajo, con algunos retablos de poca importancia, porque no fue época muy floreciente para las artes.

Los terrenos del Convento procedían del marquesado de los Villaverde y ellos costearon la Capilla Mayor. También tenían enterramiento en él los Aguayo. Tenía la comunidad mucha fama por las virtudes de sus componentes con una considerada opinión en la época de cercanía a la santidad de algunas de ellas. Es importante considerar que eso era el sentir popular por las acciones de sus componentes. Sor María Ana de la casa de Córdoba se consagró a la oración renunciando a las comodidades y fortuna que le correspondía, y que eran muchas, murió en 1590. De Sor Constanza de Rivera se cuentan hechos milagrosos y algunas virtudes visionarias, dijo haber visto desde su celda, dando multitud de detalles una procesión que había tenido lugar en la Catedral, e hizo que floreciera un guindo en Navidad, y otros casos raros, murió en 1630, de larga enfermedad y con grandes sufrimientos. Antes había fundado una gran cofradía que tuvo mucha afiliación. Cuando murió, acudió la gente a demandar reliquias y para rozar los rosarios por el cadáver para que estos adquiriesen la condición de reliquia. En el citado convento estuvo recluida también, Doña Elvira de Bañuelos.

En 1697, se incorporó al convento una barrera -calleja sin salida- de los mismos callejones de Santa Inés. En 1718 tenía un censo de unas cincuenta religiosas, y veintiocho inquilinas más, entre pupilas y criadas. El 23 de septiembre de 1733, cayeron varios rayos en el convento y uno lo hizo cerca de una de las monjas sin causarle daño, lo que se consideró una protección divina. Cuando el terremoto de Lisboa, del 1 de Noviembre de 1755, una de las desgracias que hubo es que una niña vio moverse a la Santa y creyendo que la llamaba se acercó y, en ese mismo momento la imagen se le cayó encima y le hizo una herida en la cabeza. Dicen las Actas del Terremoto:

“…solo una chicuela quedó herida en el Convento de Santa Inés, haviendole (sic) caído encima una imagen de la Santa. Todo se atribuye a la especialissima (sic) protección del señor San Rafael, declarado custodio de esta ciudad…”

También existía una leyenda que decía que, una pequeña columna de azufre que estaba en una de las esquinas del convento, había sido un señor de vida licenciosa que lo había convertido el diablo en marmolillo, por eso el olor a azufre. A finales del siglo XVIII, Díaz Morales cedió a las monjas parte de su huerto para suplir la estrechez de la calle y se quedó fuera un pozo, que se tapó con una losa y tierra.

Cuando la supresión de 1836, se vendió el convento y, sus instalaciones sirvieron para diversos usos, teatro, posada y casa de vecinos. En el año 46 del siglo XIX, las casas de los Marqueses del Vado y Condes del Portillo, que estaban en los callejones, se derribaron y se utilizaron los solares para almacén de carros.

En la actualidad y hasta finales del siglo XX, hubo en los terrenos del convento una industria química que se llamaba Laboratorios Albus. Hoy en día lleva unos años de exposición de jaramagos al aire libre, después de haber realizado una excavación de poca profundidad que ha dejado a la vista patios, diversas habitaciones y claustro. Y como tal continúa, como puede verse en las fotografías.


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Vista aérea del solar del convento

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Plano catastral del solar del convento

Bibliografía: Paseos por Córdoba. Google, Planos del Catastro y Actas del Terremoto de Lisboa en Córdoba.